THE SMASHING PUMPKINS – SIAMESE DREAM (1993)
Tras su exitoso debut Gish en 1991, y asociados acertada o erróneamente con el movimiento grunge de Seattle, los Smashing Pumpkins se encontraron en la cresta de la ola alternativa, comenzando a dominar los chats de popularidad, en un movimiento extravagante del destino.
Asimismo, supuso un reto demoledor para la agrupación y sobre todo, para su líder, el voluntarioso Billy Corgan. La inminente llegada de un segundo opus que satisfaciera por completo las expectativas comerciales y artísticas, era una presión no del todo benévola. Además, la banda no se encontraba en un buen momento anímico, y cada uno de sus elementos transitaba un proceso personal difícil: el guitarrista James Iha y la bajista D´arcy Wretzky terminaron su relación afectiva de años, el baterista Jimmy Chamberlain se hundía silenciosamente en un torrente de adicciones, mientras el vocalista y guitarrista Corgan, también atravesaba una confusa ruptura sentimental, causándole bloqueo creativo y depresión suicida.
Sin embargo, estas adversidades fueron el motor simbólico que impulsó a Corgan para escribir nuevas canciones, aunque el desarrolllo no fue del todo rápido. Llamó directamente a Butch Vig para que estuviese de nuevo al mando de la producción, siendo bien conocido el enajenante y lastimoso proceso de afinación y grabación de todo el material durante ese periodo. Imponiéndose una rutina de trabajo estricta que involucró estar en el estudio siete días a la semana en horarios de 10 a 15 horas; el ánimo obsesivo de Billy Corgan lo llevó a registrar la cantidad de 30 o 40 tomas de guitarra por canción, así como de encargarse de las partes de Iha y Wretzky por considerar que no daban el ancho necesario, causando un triángulo de fricciones. Eso, sumándole las desapariciones de Chamberlain para conseguir droga.
A pesar todo el clima desfavorable, el álbum se terminó en cuatro meses gracias a las presiones exhaustivas de Vig y Corgan, siendo editado el 19 de julio de 1993 mendiante Virgin Records. Siamese Dream resultó una belleza destinada a convertirse en un clásico automático. Partiendo de un rango musical más amplio y poderoso que su predecesor, con un contenido lírico íntimo y oscuro, toda esa frustración y dolor regurgitando en la cabeza y corazón de Corgan fueron vertidos en canciones que ahora mismo son enormes referencias culturales y casi todos en el planeta reconocen como parte de sus top de la agrupación.
La placa echa mano de una variopinta paleta sonora en el que hard rock, dream pop, new wave y metal convergen con extraordinaria sincronicidad, añadiendo ciertos toques progresivos en ecualizadas dosis e ímpetu tan desenfrenado como organizado. Y cómo no dejarse atrapar por la extraordinaria Cherub Rock, en el que su muro infranqueable de guitarras con distorsión cólerica, percusiones imponentes y vocales modorras embonan un juego sísmico de explosiva catársis carnal, espiritual y corporativa.
Quiet ataca fulminante con sus capas de guitarras punzantes, berridos contrariados y base rítmica inamovible, sus vibrates solos y desorden malevolente, generando una atmósfera inquietante, cuyo mensaje de gloria y frustración no toma prisioneros.
Así llega la fabulosa Today con sus marcados contrastes: si bien el desenvolvimiento en las guitarras y bajo es superpoderoso y amurallado, la prevalencia melódica es el elemento que la define, mientras las vocales recitan este aprecio existencial en los que la adversidad no puede ni debe empañar la maravillosa experiencia de vivir el hoy, el presente.
Hummer es una gruesa pared de vibraciones y estática supraterrenal, donde las guitarras se intercalan en un lustre andamiaje textural junto al bajeo robusto, las percusiones presumen su ADN jazzístico, apoyando las espaciosas atmosféras y pesados lamentos; dejándonos un tema de fuerza progresiva y vitalidad etérea.
La enérgica Rocket parece un recuento de la niñez, con toda esa imagineria de inocencia, confusión y rabia, en el que un deseo, si se mantiene vivo, puede llegar a cumplirse. La recarga preciosista de texturas melódicas y distosionada cubierta metálica, resulta tan emotiva como memorable.
Disarm viaja por una penumbrosa sensación infantil de desamparo, como una retribución poética que confronta a padres e hijos. Los hermosos y desesperados arreglos acústicos se amparan en la pared fibrosa de cuerdas, en tanto las percusiones enfatizan profundidad, logrando momentos emotivos y brillantes.
Soma es un corte maravilloso, dolido y existencial. Atenuado en movimientos febriles de calma y ensoñación, su atmósfera acuática genera una resonancia adictiva y crepúscular, gracias al cosido en las guitarras, estirando la tensión hacia picos donde vocales, percusiones y distosión estallan con epicidad y furia. Como dato extra, el piano contemplativo y preciso que alcanza a escucharse, es interpretado por Mike Mills, bajista de R.E.M.
La centella directa de Geek U.S.A. es una calibración de heavy metal y grunge, en la cual sus crudos riffs circulares en cascada, arremeten con intensidad y maestría, rebanando cada melodía hacia socabones inmersivos de cólera aural.
Mayonaise es otro de los cortes eminentes de la placa. Sumamente emotiva, poética, encadiladora, de ajustados guitarrazos, atmósferas tenues y vocales gentiles que auspician por el autodescubrimiento. Las texturas resonantes amurallan el berrido sentimental hacia diversos estados, en el que la decepción, tristeza, resignación y furia resultan fuente motivacional para luchar contra "los demonios internos".
La bella Spaceboy es una balada acústica que no baja en intensidad y normativa melódica. Dedicada al hermano menor de Corgan, Jesse, tenemos una elegía fluida, lacrimógena y textural, en el que los punteos sencillos en las guitarras y la cama de mellotrón, generan un soporte matizado y fascinante.
La creciente y agresiva Silverfuck es un estallido de riffs volcánicos, baterías a súper velocidad y una red contrariada de estaño y punteos cortantes, cuya densidad no escatima en perdernos sobre atmosféras laberínticas de rimados espectrales que desembocan en berridos calumniosos que animan a mandar todo al carajo.
Sin embargo, la melosa Sweet Sweet resulta la antítesis del corte anterior, en su desesperada brevedad de florituras que destilan belleza hipnótica, tristeza reverberante y vocales procesadas que construyen un puente de ecos hacia Luna, la cual derrama ternura en sus vibrantes punteos y colosal sección rítmica, envolviéndonos en una ensoñación, donde la esperanza y el amor cruzan hacia una realidad de telarañas crepúsculares, y sin embargo, son los únicos salvavidas a los cuales aferrarnos.
Siamese Dream es irrefutablemente uno de los álbumes emblema de los 90, en cuanto a vertiginosa calidad y emociones vertidas. Sublime y ambicioso, esta segunda incursión discográfica catapultó a los Pumpkins al estatus de héroes del rock alternativo, inaugurando su sonido épico y orquestal, intimamente honesto como rabioso, e influyente para todas las generaciones venideras.
Tracklist:
1.- Cherub Rock
2.- Quiet
3.- Today
4.- Hummer
5.- Rocket
6.- Disarm
7.- Soma
8.- Geek U.S.A.
9.- Mayonaise
10.- Spaceboy
11.- Silverfuck
12.- Sweet Sweet
13.- Luna




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