NINE INCH NAILS – THE DOWNWARD SPIRAL (1994)
Caos.Oscuridad.Destrucción.Cochambre.Perversión.La espiral descendente al infierno.
La década de los 90, que para muchos ejemplifica una carta a la nostalgia, en demasiados aspectos fue un desorden rotundo. El poder de los medios de comunicación se dejó caer con el mayor peso posible, impulsando a toda costa, o mejor dicho, imponiendo, una nueva cultura de la celebridad, en la que importaba más su decadencia y desapego emocional, principales características de sus venerados "antihéroes". Así, entre mayor conflictivos se presentasen ante las cámaras y autodestructivos tras bambalinas, mejores ratings obtenían, traduciéndose en cuantiosas ganancias.
La industria musical, obviamente, no fue ajena a las prácticas escandalosas: el mundo del pop se vio invadido por la "nación alternativa" en la que personas, supuestamente comunes, mostraban su extraordinario talento con algún instrumento o tras el micrófono, para extirpar sus irreparables traumas, calificar cruelmente a su prójimo y abogar (inútilmente) por la paz mundial. Mientras que la televisión por satélite conectaba a la humanidad mediante un despropósito enajenante de noticias caóticas, chismes sobre sexo, drogas y rock n´roll, el estilo de vida "opulento" se volvió sinónimo de caminar por el estrecho sendero de una farándula desconcertante. Pero bueno, ¿A dónde va semejante cavilación, cual ejercicio de dificultosa memoria? A ningún lado, porque es un callejón sin salida. Excepto quizá, porque ahí radica el punto más bajo de la desmoralización consciente, pareciendo necesario juzgar el contexto para comprender el porqué de una psique rota, el porqué de su depresión honda y lacerante. Tiene nombre y sí, también mucho talento: Trent Reznor.
genio y figura...
El sujeto, quien mostró facilidad para la ciencia y matemáticas desde niño, desarrolló un gusto particular por la música, interesándose en el jazz y la complejidad de sus estructuras, aprendiendo al poco tiempo, a tocar el piano, tuba y saxofón. Sin embargo, su personalidad introvertida lo llevó a ensimismarse con ciertos contenidos explícitos (de violencia y sexo). Durante la universidad estudió a la par ingeniería computacional y música, recargándose por completo, en sus dos grandes pasiones; las cuales servirían para edificar su carrera artística, participando en varias bandas de techno a mediados de los 80.
En el ´88 fundó Nine Inch Nails, o en su acrónimo estilizado NIN, un proyecto básicamente solista, en el que dio rienda suelta a su oscura creatividad, inspirándose en Prince para tocar él mismo todos los instrumentos, y programando algunos otros, mediante los novedosos secuenciadores que comenzaban a ver la luz. Inspirado en algunos perversos cofrades (Skinny Puppy, Ministry, PigFace) y por leyendas como Throbbing Gristle y Cavaret Voltaire, Trent enfatizó el sonido de su banda hacia los golpeteos industriales, guitarras ásperas y melodías desprolijas, desarrollando un estilo agresivo y emocionalmente distante, que pronto se colocaría en las listas de éxitos tras la salida de su debut, el famoso Pretty Hate Machine (1989). Impulsándose con cajas de ritmos, grandes texturas electrónicas, retazos de heavy metal y una variedad de músicos para tocar en vivo, Nine Inch Nails y se formó un camino en festivales y presentaciones underground, además, sus letras irritables denostaban crecientes imágenes de violencia, pensamientos negativos para infringirse daño y percibir el mundo a través de la distorsión de las drogas duras.
La plantilla NIN para conciertos en 1994: Chris Vrenna, James Woolley,
Trent Reznor, Robin Finck y Danny Lohner
Trent Reznor, Robin Finck y Danny Lohner
A finales de 1992, Reznor, hundido en una depresión intensa, aunque motivado en su caótico estado psíquico, se mudó a la infame mansión de 10050 Cielo Drive, en donde la actriz Sharon Tate y 4 de sus amigos, fueron asesinados por miembros de la familia Manson. Al instalar su estudio ahí, al que llamó Le Pig, inició a grabar su segundo larga duración. Aun sin saberlo, éste definió el panorama cochambroso de la década, como la revelación electrónica (aunque ya se empleaba, parecía haber ganado aceptación generalizada), cuya flexibilidad permitió desligarse de círculos de fiesta específicos, para empalmarse hacia cualquier tipo de composición y circunstancia.
Instalados en el escenario...
Las sesiones que abarcaron casi todo 1993, tuvieron a Reznor como productor, arreglista e interpretando todos los instrumentos y programando secuenciadores, junto al producto Mark "Flood" Ellis. Aunque cabe señalar las importantes colaboraciones del héroe del rock progresivo Adrian Belew, retándose con su guitarra en algunas de las pistas; así como el ex Jane´s Addiction Stephen Perkins, Chris Vrenna y Andy Kubiszewski haciendo lo suyo en las baterías. El resultado, The Downward Spiral, editado el 8 de marzo de 1994, es conceptualmente, la transmigración de un ente sano hacia un estado de descomposición personal, en el que el autodesprecio y la adicción surten de combustible a su historia de violencia, flagelo, derrumbamiento espiritual y finalmente, suicidio.
Imagen discográfica promocional con foto de Kevin Westenberg
Técnicamente, el álbum es una belleza: el uso de diversos softwares y sintetizadores permitieron experimentar con las piezas grabadas, estirando lo más posible el sonido y someterlo a bucles infinitos de percusiones descendentes, donde la ríspidas texturas electrónicas y la madeja matizada en las guitarras, subliman ante la violenta afrenta vocal. Sin duda, este es un ejemplo de arquitectura aural salvaje bajo un diseño sonoro hostil e inflexible.
Reznor en acción
La impactante Mr. Self Destruct nos recibe con un sample proveniente de la película THX 1138, pero, ¿Por qué es relevante mencionarlo? Se trata de la golpiza que el personaje principal recibe de unos autómatas policiales, transformado en loop y dando pie a un rugido industriales imparable: serpenteantes percusiones, una afrenta con guitarras al rojo vivo y teclados volcánicos, en tanto las vocales gritan un soliloquio enajenante de pensamientos negativos.
"Sr. Autodestrucción"
Piggy es un ominoso medio tiempo que fluye entre susurros, percusiones, bajo y sintetizadores en claroscuro. La letra referencia a un personaje derruido, no sólo física, sino mentalmente por igual, además, alude, hasta cierto punto, el mensaje escrito en la puerta de la casa de Cielo Drive "PIG", con la sangre de Sharon Tate. Los viciosos matices están estratégicamente escondidos, bajo acordes distorsionados en baja frecuencia, lo cual añade poder a la oscura e hipnótica narrativa.
"Cerdito"
Heresy se suelta en percusiones cual martillazos, vocales distorsionadas y guitarras como sintetizadores texturizados cual puntas de acero, logrando una enrarecida esencia industrial con matices desgarrados, ruidismo a tope y aquella esencia nihilista viciosa y deshumanizada que pervierte. La bestial March Of The Pigs galopa a toda velocidad con su batería mecánica y la explosión beligerante de programaciones corrosivas: un levantón pernicioso de guitarras con distorsión hiriente, teclados cuyas paredes suceden como témpanos que se derrumban y el inolvidable trabajo vocal de un Reznor furioso que casi por casualidad, le imprime un toque pop a este corte descarnado.
"La marcha de los cerdos"
Closer es tan sexualmente explícita, visceral y tormentosa, que resulta imposible no sentirse atrapado en su trama de contracturas rítmicas, riffs atonales y murallas nucleares, resultando en un viaje paranoico sobre la obsesión, entretejiendo un puente abrasivo de texturas punzocortantes, percusiones hondas, condensando un magistral acceso bailable de esencia sadomasoquista.
"Más cerca de Dios"
Ruiner inicia con sus ruidos cual lloriqueos animalísticos, y percusiones de máquina ambivalente, mezclándose con la matizada detonación de guitarrazos grindocoreros, potentes teclados impenetrables de consistencia industrial, para formalizar un corte pesado, espeluznante y ruinosamente atmosférico.
"Arruinador"
The Becoming prosigue enfatizando una realidad ineludible: la caída del mundo hacia el pozo de violentos desgarres y sufrimiento personal. Avanzamos por un vórtice de percusiones electrónicas quebradas, guitarras metálicas de aspereza percudida y vocales llevadas por el frenesí; permitiéndose, no sin ironía, pasajes melódicos en donde la estabilidad mental únicamente se pervierte por la sacudida maquinal. I Do Not Want This es otro medio tiempo que incluye percusiones recortadas y piano intrigante, un ataque cacofónico de riffs envolventes y engranaje sintético cual estampida, donde el trabajo vocal maneja en su arrastre penumbroso, sendas declamaciones dolorosas.
Punto polémico, como los hay, resultó Big Man With A Gun una veloz interpolación industrial de percusiones y sintetizadores procesados, guitarras vertiginosas, y una letra de cliché que bien clama por la violencia como en una situación sexual demente. Este corte no fue bien recibido por el lado más conservador del partido Republicano, en tanto Reznor abogaba que se trató de una crítica al "gansta rap" de la época.
"Hombre grande con una pistola"
La tenue e instrumental A Warm Place nos toma por sorpresa cual ensoñación, abriendo un hermoso umbral de satisfacciones metafísicas: hay drama, hay tensión, hay paz, hay confort. Sin embargo, bien puede aludir, incluso, al "golpe" causado por la heroína. Eraser experimental fuerte con hondas percusiones que te dejan atrapado, dispersando, muy lentamente, las construcciones sintéticas cuyo rostro percudido aluden a una cruenta pesadilla. Su lluvia de melodías traumáticas y guitarras iracundas recubren la atmósfera hacia un pico verdaderamente turbio.
"Borrador"
"Réptil"
The Downward Spiral es una matriz exhaustiva de melodías acústicas y atmósferas airadas, dejando por encima, una denso tejido de sonoridades dispersas, efectos repetidos y la brecha angustiosa de morir y caer en el infierno, donde el alma perdida grita de dolor, grita por la ausencia, por estupidez, pero no por salvación.
"La espiral descendente"
Lo anterior, es la antesala a uno de los cierres más dramáticos y recordados en la historia de la música: Hurt, oda acústica y distorsionada, en la que el protagonista de este aquelarre dionisiaco de golpeteo industrial, termina, en un hito al sufrimiento, con su vida.
"Daño"
The Downward Spiral es un vaivén emocional incontrolable, pero al mismo tiempo cuidadosamente calibrado: de ambivalencia seductora, peligrosamente oscura y visceral, ésta torcida obra maestra hunde sus ritmos con poderosas texturas, mientras semejante negatividad embarnece su vicioso carisma. Se trata de un viaje al extremo tórrido del sonido, en el que si decides deslizarte continuamente, descubrirás alguna nueva pieza del entramado deshumanizante.






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