LOU REED – BERLIN (1973)

 




Después del éxito comercial y triunfo artístico que significó su segundo álbum solista, el controvertido Transformer, el siguiente paso para un personaje tan distinguible como Lou Reed, fue del mismo modo, algo inesperado e igualmente discutible. 

Dado su carácter rijoso y complicado, Reed, en pleno estado de confianza, gracias al apapacho de una muy sorprendida industria musical, liberó con cierto ahínco y libertad sus ideas más desafiantes a través del que sería su álbum más ambicioso, oscuro y abiertamente depresivo, hasta ese momento.

un fantasma a punto de romper con su mina de oro


Los intereses de un artista, aquellos que sirven como materia prima a su proceso de creación, dependen mucho del momento anímico que presente, siendo los motivantes del oriundo de Nueva York, obviamente sometido por su consumo recurrente de drogas duras, específicamente la heroína, concatenaban la esencia romántica del suicidio y la inmersión hacia el estado más decadente de la conciencia humana.

Para tal práctica compositiva, se deshizo del brillo sobresaturado de la estética glam, para afianzar un sonido más artesanal y alternativo, rechazando las tendencias y modas para dar prioridad a las voces que bien, tomaron vida a través de su narrativa tortuosa, cruda y desesperanzada.

Y el escenario ideal para esta historia, cual libreto cinematográfico o novela de alta densidad dramática, no podría ser otro que la capital alemana, Berlín. Cautivado por tratarse de una meca artística, gélida y menguada, en cuyas avenidas y callejones transitaban una especie particular de personajes caídos en desgracia: Jim y Caroline, pareja estadounidense: él, un drogadicto abusivo, ella, ninfómana venida a prostituta, ambos, sobreviviendo una relación afectiva que lentamente los desgasta por las continuas agresiones, el consumo desmedido de sustancias y repetidos intentos de suicidio.

en el escenario durante 1973


Enlistando tras la consola al muy joven Bob Ezrin como productor, quien dicho sea de paso, logró uno de los mejores trabajos de su carrera; así como a una planilla copiosa de músicos profesionales que incluía a Jack Bruce, Tony Levin, Steven Hunter y Steve Windwood, entre otros; para encargarse de las labores completas de la instrumentación, formalizando esa atmósfera tan especial y lóbrega que distingue a Berlin, como una excepcional obra maestra, adelantada a su tiempo, vapuleada e incomprendida. 

Editado el 5 de octubre de 1973, la placa abre con la resonancia festiva de la homónima Berlin, para centrarse inmediatamente en las oraciones meditativas del narrador, acompañado por un piano afligido, y una serie de sensaciones desoladas. Lady Day revienta con una línea vocal enigmática y grandilocuente, a la acción enardecida se suman categóricamente teclados, batería, cuerdas y guitarras, sumiendo al escucha hacia un trance en claroscuro de imágenes tan bellas como deslucidas. 

Lady Day en vivo

Men of Good Fortune viste con acalladas armonías cuya fragilidad es interrumpida por acordes rasposos, cuyo sazón principal radica en la interpretación poderosa de la voz, en su evocación melancólica hacia el danzón nocturno de los cabarets europeos. Caroline Says I libera una secuencia de temibles vituperios entre los protagonistas de la historia, a la par que la sección rítmica avanza incontenible, las guitarras barnizan con una pared gruesa de sonido y los teclados y cuerdas subliman la tensión hacia un nivel de escarnio tan hermoso como humillante. How Do You Think it Feels es uno de picos más altos del plato, con su rigor de rock contundente, soul eléctrico donde intervienen trompetas, cuerdas, teclados y esos solos gigantescos, mientras la letra es un acelere indomable de autoestimas sangrantes y crudeza somnifera.

How do you think it feels


Oh Jim se divide en dos partes, la primera, electrizante de guitarras feroces, vientos como torbellinos y una extraña luminosidad melosa que pronto se ve eclipsada por la segunda, mucho más corta, acústica, pero rabiosa por igual. Caroline Says II baja las revoluciones aunque no se despega de los versos poéticos, las imágenes dolidas y la esencia glacial de art-rock; esta balada es sublime, retorcida y hermosa por igual con sus acordes rudimentarios y mellotrón celeste. 

Caroline Says II


The Kids es el inicio del descenso más crudo, ya que narra como el servicio social de la ciudad arrebata la custodia de los hijos a los personajes; el lento rasgueo de la guitarra acústica, el golpeteo cauto de la batería y el efecto lánguido del bajo, dirigen hacia uno de los momentos más perturbadores en la historia del rock: como salidos de la nada, el llanto de varios niños se hacen escuchar, logrando romper hasta el corazón más duro. The Bed tiene la atmósfera más aterradora de la placa, ya que se alude el suicidio de Caroline, apenas alumbrado por un órgano eléctrico lejano y acordes tristísimos, a la par de coros discretos, salidos de aquel lado etéreo, místico y desconocido. Sad Song cierra con arreglos orquestales, solos de guitarra y vientos in crecendo, casi como epifanía de una calma próxima tras la tormenta, en donde la degradación humana se cobró a sí misma una cuota tan alta e impagable. 

Sad Song


Lleno de una amargura distintiva, donde su atmósfera densa y opresiva es igualada por cada una de las notas preciosistas que lo conforman, Berlin no es un álbum fácil de escuchar, requiere retarse a sí mismo para dejarse llevar por su narrativa abatida, bajo compromiso de no perderse entre los recovecos atestados de droga y sexo indulgente, porque a pesar del tiempo, los fantasmas de Caroline y Jim continúan llorando sangre.

Tracklist:

1.- Berlin

2.- Lady Day

3.- Men Of Good Fortune

4.- Caroline Says I

5.- How Do You Think It Feels

6.- Oh Jim

7.- Caroline Says II

8.- The Kids

9.- The Bed

10.- Sad Song


Álbum completo en YouTube y Spotify 😶

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