LOW – I COULD LIVE IN HOPE (1994)
Generalmente se tiene a la música "indie" por un género alegre, enérgico, jovial y de carácter juvenil. Probablemente a comienzos de los dos mil tal etiqueta logró su mejor forma, revolucionando a una nueva generación de hipsters despreocupados, sin embargo, durante los noventa, la historia resultaba distinta: el movimiento independiente edificó algunas vertientes misteriosas en las cuales, acceder suponía un riesgo emocional del que no se podía salir ileso.
Así, provenientes de Duluth, Minnesota, Low es una de las agrupaciones más interesantes de los últimos treinta años, distinguiéndose por su metodología musical difícil de clasificar, pioneros de un puñado de subgéneros que de igual forma, continúan permeando nuestros días. Formados por el matrimonio Alan Sparkhawk (guitarra, voz) y Mimi Parker (batería, voz) junto al bajista Steve Garrington, quien sería reemplazado por John Nichols para la grabación de su primer disco (aunque este puesto quedaría perpetuamente abierto). De inmediato se instalaron en un sonido frágil, enigmático, oscuro y sí, tristísimo; del que se puede rastrear cierta influencia de los héroes de la escena del post punk, Joy Division, e incluso, de personajes vanguardistas como Brian Eno y el productor neoyorkino Kramer.
La paleta de sonido de Low es un manotazo de pintura parca dentro de un salón mal iluminado en cuyo interior, todo tipo de sonidos silentes generan desconcierto. Usualmente etiquetados como "slowcore","sadcore" y "dream pop", su música es un amasijo minimalista y taciturno de ritmos lentos, acompasados, melodías frías, lúgubres con letras que rayan en lo siniestro.
Su debut, el extraño y hermoso I Could Live In Hope, se editó el 18 de febrero de 1994, a la par de ser una experiencia entrañable y encandiladora, también es un tour de force que te deja cubierto por una fina capa de hielo. Mientras escuchas la densidad de sus canciones (hecho curioso, ya que uno imaginaría un montículo abrasivo de guitarras chillantes, sonidos enérgicos de resonancia expansiva o voces agobiantes en cascada), no puedes sino sentirte incómodo, ya que Low toca lento, muy lento, sumergiéndote en su trampa de cuartos oscuros sin fondo y susurros que te cuentan historias tristes que no terminas de comprender y te destrozan hasta las lágrimas. Entonces qué es esto, ¿Nostalgia? O imágenes de la niñez corriendo por rincones grisáceos como recuerdos impostados, un desconcierto se adueña de cómo ves el mundo cuando ni siquiera tienes diez años. ¿Cómo te percatabas de lo que sucedía a tu alrededor? ¿A qué le tenías miedo durante la noche?
Words inicia todo, y de inmediato tenemos esta música que viaje con voces etéreas que refieren a esas palabras que siempre resultan innecesarias, con su guitarra de reverberación disciplinada, bajeo y percusión a medio andar, pero la intensidad ahí está, distrae, cuando menos notas te hundes en visiones incandescentes y primitivas, donde en apariencia no sucede nada y la reflexión es un cuchillo que te lastima la piel de la garganta.
Fear emerge densa y desgarra en su juego de voces a dueto, casi angelicales, y silencios impredecibles, aquí jamás amanece, estamos atrapados en un único crepúsculo que jamás merma su lánguida luz y no amenaza, sino empuña ese cuchillo para teñirlo de sangre. Cut es aun más siniestra, expandiendo su ritmo imperceptible mientras se arrastra cual fantasma de piernas rotas, como un drama tenebroso a cámara lenta y envolvente, de sentimientos encontrados, donde el mal se esconde en las acciones más rutinarias. La progresión disonantes en sus acordes y aquella lamentación casi grunge nos abandona en un punto inexistente de la conciencia.
Slide escurre acordes acuosos con reverberación muy á la Cocteau Twins, en un juego equilibrado y transparente, donde la voz femenina, firme y emotiva de Parker, nos abre un caudal de recuerdos cuyo miasma espectral literalmente te desliza a esos momentos de alegría inocente, antes que tu vida se quebrara, antes de saber que no volverías a ser feliz del todo. En Lazy de texturas espinosas como hipnóticas, cual western polvoso y sangriento, encontramos otra historia que corre hacia lo tenebroso, las vocales son perfectas y dulces, cantándonos un cumulo de intensiones adustas y melancólicas.
Lullaby de casi 10 minutos, es otro transcurrir del fracaso anímico entre matices somnolientas, donde antes hubo un pequeño brote de esperanza y luz, ahora es el remanente de un dolor por aquello que pasó y nunca fue; reverberante y frágil, sutilmente furiosa en sus capas de voces, extendiéndose cual cortina de sintetizador (pero no), así hervimos en el fuego, sin quemarnos, desesperados para que lo peor ocurra de tajo y seamos libres, finalmente, de aquel pasado sufrido. El rasgueo de la guitarra adquiere un viraje furioso aunque empañado, brindando una pista de lo que vendría posteriormente para la banda.
La breve Sea es un viraje cálido, arropador, mayormente melódico y evocativo, incluso la pulida producción focaliza en los matices vocales, ganando una belleza melancólica que hiere una y otra vez. Down mantiene el efecto del corte anterior, a pesar de su letra pasmosa. La resonancia acuática y vocalizaciones casi afectuosas son una delicia, aunque aprietan en el punto de dolor.
En Drag el protagonismo se lo lleva la línea mortecina de bajo, en tanto los acordes cristalinos y dubitativos de la guitarra pasan a un plano complementario, aunque el manejo de las vocales resulta el arma perfecta que, en una intención más bondadosa, edifica texturas silentes con un efecto embriagador de añoranza perdida. Rope es el corte más textural y tenebroso, no sólo por su letra cual nota suicida, sino por la enervante y cavernosa producción; con una resonancia profusa de un bajo que le debe todo a Peter Hook (Joy Division/New Order) y Simon Gallup (The Cure), y las progresiones armónicas de la guitarra que saca filo y sabe cuando sobajar en volumen o dispararse, además de la vibración maligna en la percusión.
Sunshine es un giro casi exuberante: el paisaje sonoro nos revela el prometido amanecer en un canto tierno y amoroso, un canto que entonarían tus padres para despertarte de una noche de pesadillas, aunque no deja de esconder una profunda tristeza y desanimo.
I Could Live In Hope es un álbum elegante y reflexivo que debe manejarse con cuidado, ya que su testimonio de psiques dañadas puede revivir temores, torturas y traumas que se pensaban curados y sin embargo, no deja de ser una experiencia sobrecogedora, hasta cierto punto entusiasta, prevaleciendo en la memoria por un largo tiempo.
Tracklist:
1.- Words
2.- Fear
3.- Cut
4.- Slide
5.- Lazy
6.- Lullaby
7.- Sea
8.- Down
9.- Drag
10.- Rope
11.- Sunshine
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