IRON MAIDEN – PIECE OF MIND (1983)
Maiden es sin duda, una de las agrupaciones en el metal más precisas, elegantes y visionarias, además una de las más longevas. Su ímpetu por superarse continuamente, los ha mantenido en la cima del stardom sin tambalearse; cimentando su ascenso a través de mucha dedicación, con el vaticinio de su triunfo desde sus dos primeros álbumes, aunque confirmado con la salida de su The Number Of The Beast en 1982. El tercer álbum ya tenía al poderoso Bruce Dickinson tras el micrófono, además de explotar las habilidades compositivas e interpretativas de los demás integrantes: la dinámica compartida de los guitarristas Adrian Smith y Dave Murray, el liderazgo e ilustre ejecución del bajista Steve Harris, además del buen desempeño del baterista original Clive Burr; quien dejó la banda antes de finalizar ese año.
Aprovechando su estupenda racha y vitalidad juvenil, se pusieron manos a la obra para componer el siguiente opus, y esta vez, contaron con un as bajo la manga: Nicko McBrain se unía a sus filas, siendo un percusionista mucho más técnico y avanzado, sus habilidades encajaron a la perfección con las canciones que Harris, Dickinson y compañía traían entre manos.
Nicko McBrain y Adrian Smith
El resultado fue Piece Of Mind, editado el 16 de marzo de 1983, y significó el inicio del pico artístico y mediático de la agrupación. Contando con 9 canciones, este opus es un compendio de vertiginoso y complejo heavy metal, estructurado con riffs cuya eminencia radica en su furia cíclica, largas y poderosas líneas de bajo recargadas hacia el groove hipnótico, además, del intenso aporreo en la batería, cuya virtud de replicar el enrevesado patrón guitarrístico, acentuó las posibilidades explosivas, incluso en los arreglos vocales. Tal integración los acercó bastante con sus influencias progresivas, aunque, fieles a su identidad aguda, esto no supuraría perceptiblemente, sino hasta su siguiente esfuerzo discográfico. De igual forma, en la parte lírica, continuaban inspirándose en aspectos históricos como fantásticos: desde la mitología griega, versículos bíblicos (del libro del Apocalipsis), y la oda de ciencia ficción de Frank Herbert, Dune.
Como no disfrutar de semejante obra, si desde el inicio nos recibe un cañonazo como Where The Eagles Dare y su intrincado desplante percusivo junto a la crudeza melódica en las guitarras, desatando una faena que nos transporta a un combate aéreo en plena Segunda Guerra Mundial; en tanto el arreglo vocal, épico y beligerante, conforma este tema en un auténtico clásico.
Revelations despliega un sonido extenuante y melancólico, una joya en bruta especialmente pesada, taciturna, en cuya letra se alude a la poesía de G.K. Chesterton, y las experiencias ocultistas del mismísimo Aleister Crowley. El zigzagueo entre las doce cuerdas nos dejan vibrantes paisajes sonoros de riffs crudos e ilustres líneas melódicas, cobijadas por el accionar hondo en el bajo y sí, sendos compases monstruosos.
La coral Flight Of Icarus es un enérgico ejercicio de metal centralizado en la textura y métrica solventes, cotejando sus elementos con elegancia: solos espectaculares, percusiones pesadas, guitarras profusas y vocales que tejen versos y coros envolventes. La referencia al mito de Ícaro es evidente, resultando una especie de homenaje y analogía del triunfo a pesar de las consecuencias.
Die With Your Boots On aprieta ligeramente el acelerador, en un ataque rijoso de vocales amenazantes, riffs tan irascibles como heroicos y una sección rítmica impecable, remitiendo a un campo de batalla en el que sólo los valientes trascienden más allá de la carne, dejando un cuerpo abatido por la pólvora de una metralla implacable.
De inmediato llega el himno inmortal The Trooper, combatiente, virtuoso, ejemplo de una metodología sonora dura, directa, y al mismo tiempo emotiva. Grandes solos adornan el medio tiempo que cabalga a toda velocidad entre riffs melódicos que empatan con los vocales distintivas, narrando las labores belicosas de las caballerías militares al lanzarse contra el enemigo.
Still Life es un corte brillante que juega con la mente del escucha: al inicio tenemos un "mensaje oculto", expresándose con una voz grabada al reverso, sólo era contrariar a los puristas que consideraban satánica a la agrupación. Aquí se tienden severos y oscuros punteos armoniosos, además de un galope métrico que le otorga mucha profundidad a la intrincada dinámica; mientras las vocales realizan sus acostumbradas cabriolas que supuran poder y extravagancia.
Quest For The Fire es asequible y melódica, sin alterar la esencia eufórica general: coros extensivos, riffs cuales sierras eléctricas, bajeo intenso y el entramado de texturas punzocortantes. La filosa Sun And Steel rememora las vivencias de un samurái batiéndose en protección de su feudo; resultando un glosario sonoro de ejecución militar: gigantescos compases acompañan el vigoroso desplante de las guitarras como si cada riff sucediera cual reflejo, y que decir del arreglo vocal, una delicia a todo pulmón.
La exquisita To Tame A Land es un esfuerzo ejecutivo que dispersa melodías saturninas, síncopas enérgicas y una épica tan pesada como absolutista, la cual nos trasporta al arenoso Dune, en un viaje psíquico y literario que fluye entre un templado progresivo, y el distinguido heavy metal que genera hordas dispuestas al slam. La pieza tuvo que ser retitulada, debido a que Frank Herbert, autor de las novelas, no sentía ningún aprecio por el rock y el metal.
Con Piece Of Mind la agrupación británica se atrevió a innovar, mostrándose consistente a pesar de sus breves fallos, lo cual es bueno, ya que en su generalidad, es un álbum que fluye extendiendo sus alas cada vez más alto, sin miedo a desintegrarse una vez que su dedo toque el sol.
Tracklist:
1.- Where The Eagles Dare
2.- Revelations
3.- Flight Of Icarus
4.- Die With Your Boots On
5.- The Trooper
6.- Still Life
7.- Quest For The Fire
8.- Sun And Steel
9.- To Tame A Land



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