PATTI SMITH – HORSES (1975)
Aquello que define al artista, es el impulso indomable por crear, sea a través de pintar, esculpir, cantar o escribir. Una visión secreta, oculta, invisible que sólo habita y se expresa a través del ojo idílico de la mente, permitiendo desglosar una sensibilidad única, maravillosa y extrovertida en la que todas las sensaciones, colores y mística reunida en este mundo, se condensa en la obra. La obra, el im/perfecto resultado de ese proceso tan puro, como un rayo prístino de luz, como un charco de agua sucia, reflejo innato de los latidos de cualquier corazón dañado.
Patricia Lee Smith nació el 30 de diciembre de 1946, y desde pequeña mostró un carácter noble y sensible, ávida a la lectura lo cual, la llevaría a aficionarse con la poesía y el arte en su temprana adolescencia, despertándole así, una inquietud rebelde, lo cual se manifestó abandonando los estudios escolares tradicionales, y a la par, la religión organizada impuesta por su familia (testigos de Jehová). Hacía finales de los 60, la joven Patti se mudó a Nueva York donde inició varias actividades artísticas desde incursionar en la pintura y el performance, organizando eventos donde recitaba sus propios poemas e integraba pequeñas obras teatrales escritas por ella, junto a personajes ya consagrados como el mismísimo Sam Shepard.
Sin embargo, su momento de auténtica realización llegó al probar suerte en el rock n´ roll que tanto amaba. Echando mano de los actos maestros de personalidades que iban desde Jim Morrison, Bob Dylan, David Bowie, Keith Richards y Lou Reed, además de los tótems literarios Arthur Rimbaud y William S. Burroughs; Patti inició como periodista para la revista Creem (auténtica fuente de acercamiento musical durante los 70), además de escribir las letras en varias canciones de los Blue Öyster Cult.
Poco después, conocería a Lenny Kaye, guitarrista y también periodista musical, con quien organizó recitales tanto de poesía como de rock, y posteriormente se les unirían el bajista Ivan Král, el tecladista Richard Sohl y el baterista Jay Dee Daugherty. Ya conformados como grupo, comenzaron a trabajar en su primer álbum, el cual grabarían en los estudios Electric Lady, bajo la producción de John Cale (sí, el músico de vanguardia proveniente de The Velvet Underground). Inspirados en el sonido crudo del rock n´roll de los sesenta, sus composiciones contenían una esencia rudimentaria que empató con la simpleza de un género que pronto ganaría relevancia en todos los ámbitos: el punk (en aquel entonces, compartían escenario con los Ramones, Television y Blondie). Sin embargo su verdadero espíritu anárquico fue la fuerza vocal de Patti junto a sus letras, colmadas de poderosas imágenes de amor, muerte, éxtasis, frenesí y Rimbaud.
El desangelado reggea de Redondo Beach resulta engañosamente relajado, con esos acordes divertidos, compases al son de jazz y teclados bifurcados, en tanto el relato se torna siniestro, Patti nos canta acerca de una mujer que murió ahogada en la playa Redondo, aludiendo un rostro cruel, aunque ligeramente recargado en la esperanza.
La hermosa Birdland es un corte que raya en lo sublime, con su impulso vocal destacándose entre texturas eléctricas de una guitarra que parece cobijar en vez de atacar, el piano acaricia con ternura y frialdad, encarando la recitación de lucha, imaginación, absolución y renuncia de un estado vital que ata y reprime, mientras los cielos se abren como puertas que revelan un estado de existencia más allá, superando cualquier expectativa contenida en este febril mundo.
Free Money inicia delicada, contemplativa, aunque a la menor provocación erupciona poderosa, con su batería recalcitrante, guitarras de melodía peligrosa y vocalizaciones que giran de lo contundente a lo rabioso: soñar es gratis, idea que decanta toneladas de angustia como aguas corriendo bajo tierra, hirviendo en un imaginario de inocencia, el cual, tornará hacia un lado cínico y desafiante.
La emotiva Kimberly está dedicada a la hermana menor de Patti, en un recuerdo vivido acerca de cuidarla apenas siendo un bebé, desmitificando de manera diáfana, el cliché de la maternidad en el rock n´roll. La sincopa vorágine que domina el tema es igual a un tempano indestructible, moviéndose tras el arrastre de acordes duros y teclados gaseosos.
Break It Up se acerca a la balada en forma, sin embargo, se subleva mediante coros que aluden a Rimbaud, atmósferas alucinógenas y marchas fúnebres. Es posible captar, si se pone atención, a la poetisa golpeándose el pecho, en un intento por igualar la huida rítmica con los latidos de su corazón, en tanto la guitarra transforma este corte, en una delicia sonora de desvergüenza épica.
Entonces llegamos a la rola más ambiciosa: Land es un complejo pastiche de palabra hablada, guitarras duras, desenvolviéndose como un tríptico de brutalidad alegre, con dulces riffs de piano, marcha rítmica que revienta en patadas y mucha catarsis extracorporal. Las imágenes que nacen de la letra, devienen a lo apocalíptico, a lo pastoral prístino, en campos de follaje cauto, salones de baile donde el martilleo de la música es catalizador inherente para emociones flamígeras, desatando luz y oscuridad en dosis razonables de gozo y dolor.
Elegy es un tribulado y fantasmal cierre atmosféricamente cargado con arreglos densos y vocales misteriosas, es difícil no derretirse entre sus imágenes de instrumentos que parecieran volar por los aires, en un flujo de poesía descarnada, vorágine, gloriosa y tétrica; la elegía para los caídos del rock n´roll.
Horses es un vínculo artístico exuberante e impecable, un documento que funge como transfusión sanguínea, alimentando la vena del espíritu con voluptuosidad musical, cual caerse y disfrutar del golpe, de la raspadura, de un despertar casi místico energizando cada latido, mostrando la bifurcación de caminos a la par de traspasar las reglas que suprimen la vehemencia humana.
Tracklist:
1.- Gloria: In Excelsis Deo
2.- Redondo Beach
3.- Birdland
4.- Free Money
5.- Kimberly
6.- Break It Up
7.- Land: Horses/Land of Thousand Faces/La Mer(de)
8.- Elegy





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