KING CRIMSON – THRAK (1995)
Sin embargo, los cambios súbitos de alineación fueron uno de sus mayores retos, siendo, el guitarrista Robert Fripp, el pilar que ha mantenido vigente la leyenda hasta nuestros días. Cada músico transitorio, brindó un toque especial en su momento, alineándose (de repente) a los sonidos comerciales que pudiesen resultar más interesantes. Con toda la fama que de por sí cargaba el nombre de Crimson, Fripp decidió cortar las actividades del conjunto, primero, a mediados de los setenta, y nuevamente, en 1984.
Bien fue, en 1993, cuando la idea de reunir una planilla renovada vino a su mente, una vez que terminó la gira del álbum que grabó junto al cantante David Sylvian, e incluso, invitó a éste último a formar parte de la banda como voz principal, cosa que Sylvian rechazó. Así pues, se decidió por reunir a viejos conocidos para resucitar al rey carmesí: el guitarrista y cantante Adrian Belew, el bajista Tony Levin, así como al baterista Bill Bruford; aunque, en esta ocasión echando mano de dos músicos más para completar lo que llamó en su momento, un doble trío con el bajista Trey Gunn y el baterista Pat Mastelotto.
El sexteto ingresó a los estudios Real World de Peter Gabriel hacía finales de 1994 paras grabar su opus de regreso, contando con la ayuda del productor David Bottrill, quien ganaría la reputación suficiente para establecerse en la consola en trabajos de titanes como Tool, Muse, Silverchair y Rush. El resultado de las sesiones fue THRAK, undécimo álbum de los ingleses, aparecido el 3 de abril de 1995.
Si bien contamos con músicos y composiciones de primerísimo nivel, el disco no es sencillo de escuchar: se trata de una muy espesa, pero bien cuidada interpretación, y con las escuchas adecuadas, se logran distinguir las enormes facultades (como peculiaridades) de los exponentes, brindando una experiencia que le debe mucho de su concepto, a la música imperante durante los 90, tanto el grunge, como el metal industrial permearon las intenciones del rey carmesí con extrañeza, oscuridad y violencia, manteniéndose disciplinado en todo momento con enigmática y férrea voluntad, añadiendo dosis de dislocado humor.
De entrada, Vrooom nos recibe con un efecto de cuerdas somnolientas que se transforman en virulenta polirritmia de riffs y texturas metálicas, melodías con distorsión y una línea de bajo casi legendaria. Coda: Marine 475 está ligada al tema anterior en su dinámica pendenciera de percusiones abrasivas, riffs metalúrgicos y alienada percepción en bucle.
Dinosaur lleva las cosas a un próximo nivel con sus riffs palpitantes, percusiones metalizadas y bajeo bidireccional, encontramos la voz de Belew en un quejido fantástico de autodesprecio, aludiendo a grupos como Crimson, fuera del contexto de la música juvenil moderna, y sin embargo, la rijosidad de la canción la vuelve una de las piezas más fuertes de la placa.
La preciosa Walking On Air es el momento más melódico del álbum, con su canturreo atmosférico y ensoñación de guitarras circundantes y cristalinas, bajeo omnipresente y la sigilosa marcha de baterías que surcan el espacio como latidos de un par de corazones enrollados en intimo discurso.
B´boom estira los filamentos de las cuerdas en sonoridad amenazante, girando hacia el retumbo catártico de percusiones mecánicas para espesar lentamente la atmósfera con su texturización lóbrega y tribal. La homónima THRAK es una medida erupción de escalonados riffs y golpeteos diletantes: experimental, catártica, misteriosa, pesada tal como la clásica Red de 1974 lo fue en su momento.
Un serial de esencias filosóficas inicia con Inner Garden, Pt. 1 un puente fugaz de ánimos deslucidos y fantasías dolidas, cuya deliciosa ensoñación va de la mano de las guitarras fibrosas y el bajo contemplativo. People arriesga más de lo que antoja con su rítmica funky y versos fúricos, éste es un batallar dramático sobre el control de estructuras que nadan en un mar de descontrol y superficies de guitarras inflexivas.
El interludio Radio, Pt. 1 transcurre entre dimensiones que parecieran curtidas desde un sintetizador y en realidad, provienen de la guitarra de Belew. La magistral One Time posee un aire melancólico a medio tiempo, muy en línea de sus trabajos de Crimson en los ochenta, pero calibrado con una melosidad nocturna, torcida: las vocales no disfrazan la tensión poética en su discurrir exasperado, sirviéndose como aderezo en los paisajes sonoros con melodías alargadas, percusiones al tintineo de exagerada meticulosidad sobre esta inmejorable mezcla de repiques estrafalarios.
Radio, Pt. 2 y Inner Garden, Pt. 2 nos enredan en una calma aparente, de sonoridades que envuelven y nos invitan a una incursión intrapersonal, eso sí, tormentosa y fustigada. Sex Sleep Eat Drink Dream es un esfuerzo de instantes épicos, donde se conjugan guitarras rasposas muy del Crimson clásico, con una distorsión briosa a las vocales, a la par de someter un ejercitado desdoblamiento percusivo que cae como impenetrable cortina de riffs y bajeos que mimetizan perfectamente, la música vanguardista y el heavy metal, convirtiéndose en uno de los cortes más disfrutables, pesados y visionarios de toda la discografía carmesí.
Las finales Vrooom Vrooom y Vrooom Vrooom: Coda explotan en una reverberación metálica, liberando una extraña sonorización maquinal que enloquece, cual capa tras capa de ruido contenida en una pequeña lata y que busca surgir, en un curtido serial de golpeteos subatómicos.
THRAK es lienzo de escenarios e imágenes aurales sobresalientes, sometido por completo en un aura de parquedad y claroscuros: un poderoso compendio de rock progresivo en su máxima expresión.
Tracklist:
1.- Vrooom
2.- Coda: Marine 475
3.- Dinosaur
4.- Walking On Air
5.- B´boom
6.- Thrak
7.- Inner Garden, Pt. 1
8.- People
9.- Radio, Pt. 1
10.- One Time
11.- Radio, Pt. 2
12.- Inner Garden, Pt. 2
13.- Sex Sleep Eat Drink Dream
14.- Vrooom Vrooom
15.- Vrooom Vrooom: coda

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