BUTTHOLE SURFERS – LOCUST ABORTION TECHNICIAN (1987)

 



Pocas agrupaciones tan irreverentes y provocadoras como los Butthole Surfers. Formados en San Antonio, Texas, en 1981, el mundo nunca vio un acto tan destructivo, ácido, lisérgico, desafiante y al mismo tiempo, embelesador, como la música de este conjunto de maníacos cuya nefasta o beneficiosa existencia, deriva por completo en crear música que refleje los instintos más básicos y pendencieros de la humanidad. 

El génesis sicalíptico tuvo lugar cuando Gibby Haynes y Paul Leary se encontraron por primera vez en la Trinity University, afianzando una amistad de toda la vida, empatando sus gustos por Frank Zappa, Captain Beefheart, Grand Funk Railroad, HawkwindDead Kennedys y la ciencia ficción más espesa. Desmotivamos por el estilo de vida rutinario y normaloide que les aguardaba (Haynes estaba a punto de recibirse como contador, mientras Leary estudiaba artes) se empeñaron a integrar una banda de rock que reflejase todas las ideas subnormales, espantosas y ofensivas que tanto les gustaban. Así, comenzaron a componer temas que en lo musical, mezclaban elementos de punk, hardcore, psicodelia, con letras vomitivas y sin sentido. 

El circo maldito llegó a la ciudad...

Poco después se les unió Jeffrey "King" Coffey en la batería, un chaval cuyo estilo desaforado y extrañamente técnico, coincidió perfectamente con semejante agrupación tan desmedida. Y para mayor sorpresa, integraron una segunda batería, al momento de conocer a Terera Taylor o como sería conocida en adelante, Teresa Nervosa, una freak que no temía a los conciertos explosivos y a la ingesta excesiva de sustancias. Así, poco a poco, una extravagante e inconsistente selección de bajistas los acompañaron en su etapa iniciática, a través de prácticamente de toda la Unión Americana, haciéndose con una reputación de cuidado: la gente en ciudades como Nueva York, Athens, Seattle, Washington D.C. y demás, se sentía atraía por sus presentaciones altaneras y repelentes. 

Una pesadilla distorsionada...


Una vez que lanzaron sus primeros discos, el cavernoso Psychic... Powerless... Another Man´s Sac (1984) y el sumamente experimental Rembrandt Pussyhorse (1985), estos Surfeadores del Culo, consiguieron un sonido completamente personalizado que se posaba tanto en el oscuro art punk, la psicodelia rasposa de los años 60 y el hardcore noise de principios de los 80, consagrándose como una de las bandas más extremas de todos los tiempos: en sí, ellos no tocaban a velocidad de relámpago, sólo ponían en riesgo su integridad física y mental, al permanecer la mayor parte del tiempo muy drogados, organizando actos incendiarios, literalmente; tocando a niveles peligrosamente lo fi, en tanto eructos, orines, insultos, llamaradas, luces estroboscópicas, distorsión, imágenes de películas con gente deforme de genitales mutilados, y demás mierda hacía acto de presencia.

Una de tantas escenas peligrosas...

Sin embargo, la cúspide de todo ese talento rijoso y malevolente, llegó con su tercer álbum, el fantástico y enrarecido Locust Abortion Technician, editado en marzo de 1987. Este fue grabado, no en un estudio profesional, sino en una cabaña que la agrupación rentó, utilizando equipo casero y de segunda mano que habían adquirido, impulsándolos a ser mucho más creativos y a economizar el esfuerzo comprometido para experimentar con cintas y efectos aplicados en los instrumentos y voces. El resultado, fue un exorcismo vanguardista de vejaciones mordaces, alquimia arbitraria e improvisaciones dispersas que, sometidas a su visión beligerante, supusieron temas francamente inolvidables.

La percusionista Teresa Nervosa posando con alegría y justo detrás,
el chalado vocalista Gibby Haynes.

El álbum no es una experiencia sencilla, si te envalentonas a escucharlo, Sweat Loaf te recibe con la frase más celebre en la discografía de Butthole Surfers: un diálogo improvisado entre un padre y su hijo, donde el (falso) niño pregunta qué significa el arrepentimiento, a lo que su progenitor responde: Bueno hijo, algo divertido sobre el arrepentimiento es, que es mejor arrepentirse de algo que hiciste, que de algo que no hiciste... e inmediatamente una electrocución de inmundos riffs y percusiones sludge explotan, propagando vocales malditas procesadas en capas radioactivas. Ésta apertura, resulta una excelente revisita a el himno a la marihuana de los mismísimos Black Sabbath.

Sweat Loaf en vivo en el 87


La cruda y pesadillesca Graveyard posa su intensidad en filosas texturas disonantes, golpeteos nauseabundos que deambulan entre la hipnosis aural y estragos psicodélicos en cintas manipuladas. Pittsburg To Lebanon es una expulsión disonante de dinámicas progresivas torturadas, lentitud fantasmal beligerante, vocales ofensivas de pastosidad diabólica y violentas erupciones psicóticas como espinosas. 

Pittsburg To Lebanon en vivo 1986


Weber es un breve interludio de acordes disparatados cual sangrienta ejecución pública, que dan paso a Hay, una revuelta viscosa de cintas reproducidas a la inversa, cuyas veloces capas indigestas, resultan ser vacas grabadas, antes de ser conducidas a un matadero. 

La magnificente Human Cannonball es un corte doloroso que invita a la autodestrucción, abriéndose paso entre vocales de factura electrónica, guitarras intrincadas y la marcha de ambas baterías cuya acción repercute hondo, exagerando con ruidismo, caos angustioso y una promesa vanguardista de punk, psicodelia y mutilación.

Human Cannonball

U.S.S.A. sangra desde una vena industrial desconcertante, dolidamente motorizada y lóbrega, escupiendo gritos y diatribas procesadas cual máquinas que mueren en una compresión demoledora; repitiendo una y otra vez, el nombre de una nación cuyo lado oscuro, versas en la peor de las decadencias. Aquí la carne se fusiona con el metal, la lujuria es reemplazada con motores en extinción, evocando la sonoridad más asquerosa de todas. 

U.S.S.A.

The O-Men se siente como si una pesadilla alucinógena te escupiese a la cara: su visceralidad fluye cual speed metal descompuesto, ridículamente pútrido y abrasivo, licuando las guitarras junto a las vocales hediondas, chocando a la vez, contra un intrincado muro electrónico; finalizando así, su ritual fétido, satánico y experimental, sobre una envoltura metalizada que te vuela los sesos. 

The O-Men

Kuntz es un tema tramposo. Se trata de una canción de pop tailandés, Klua Duang, la cual puede traducirse como "El Miedo", por completo manipulada en un estira y afloja para crear sonoridades monstruosas y ridículas.

Graveyeard regresa en un resoplido de acordes alargados que chorrean distorsión, pesados efectos ruidistas, voces tratadas de manera soporífera y pestilente, entonaciones progresivas como vueltas de tuerca, sometidas exudaciones sónicas que sangran a borbotones.

Graveyard en vivo 1986

22 Going On 23 es un repugnante cierre que presenta el testimonio grabado de una mujer que sufrió una agresión sexual. Musicalmente, los arreglos desenrollan vociferaciones rítmicas saturadas con tribalismo incandescente, guitarras que gritan ascensión psicotrópica y efectos atmosféricos distorsionados, recreando capa tras capa de bestial manipulación psíquica. 

22 Going To 23 en vivo 1987


Locust Abortion Technician es un esfuerzo discográfico anárquico, aterradoramente envolvente y manipulador. Esta oscura joya dio vida a muchas otras emanaciones enrarecidas, brindando a los Butthole Surfers un estatus de auténtico culto que aun resuena amenazante. 


Tracklist:

1.- Sweat Loaf

2.- Graveyard

3.- Pittsburg To Lebanon

4.- Weber

5.- Hay

6.- Human Cannonball

7.- U.S.S.A.

8.- The O-Men

9.- Kuntz

10.- Graveyeard

11.- 22 Going On 23


Álbum completo en YouTube y Spotify 🤡🐶🩸

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