BUTTHOLE SURFERS – LOCUST ABORTION TECHNICIAN (1987)
Pocas agrupaciones tan irreverentes y provocadoras como los Butthole Surfers. Formados en San Antonio, Texas, en 1981, el mundo nunca vio un acto tan destructivo, ácido, lisérgico, desafiante y al mismo tiempo, embelesador, como la música de este conjunto de maníacos cuya nefasta o beneficiosa existencia, deriva por completo en crear música que refleje los instintos más básicos y pendencieros de la humanidad.
El génesis sicalíptico tuvo lugar cuando Gibby Haynes y Paul Leary se encontraron por primera vez en la Trinity University, afianzando una amistad de toda la vida, empatando sus gustos por Frank Zappa, Captain Beefheart, Grand Funk Railroad, Hawkwind, Dead Kennedys y la ciencia ficción más espesa. Desmotivamos por el estilo de vida rutinario y normaloide que les aguardaba (Haynes estaba a punto de recibirse como contador, mientras Leary estudiaba artes) se empeñaron a integrar una banda de rock que reflejase todas las ideas subnormales, espantosas y ofensivas que tanto les gustaban. Así, comenzaron a componer temas que en lo musical, mezclaban elementos de punk, hardcore, psicodelia, con letras vomitivas y sin sentido.
Sin embargo, la cúspide de todo ese talento rijoso y malevolente, llegó con su tercer álbum, el fantástico y enrarecido Locust Abortion Technician, editado en marzo de 1987. Este fue grabado, no en un estudio profesional, sino en una cabaña que la agrupación rentó, utilizando equipo casero y de segunda mano que habían adquirido, impulsándolos a ser mucho más creativos y a economizar el esfuerzo comprometido para experimentar con cintas y efectos aplicados en los instrumentos y voces. El resultado, fue un exorcismo vanguardista de vejaciones mordaces, alquimia arbitraria e improvisaciones dispersas que, sometidas a su visión beligerante, supusieron temas francamente inolvidables.
El álbum no es una experiencia sencilla, si te envalentonas a escucharlo, Sweat Loaf te recibe con la frase más celebre en la discografía de Butthole Surfers: un diálogo improvisado entre un padre y su hijo, donde el (falso) niño pregunta qué significa el arrepentimiento, a lo que su progenitor responde: Bueno hijo, algo divertido sobre el arrepentimiento es, que es mejor arrepentirse de algo que hiciste, que de algo que no hiciste... e inmediatamente una electrocución de inmundos riffs y percusiones sludge explotan, propagando vocales malditas procesadas en capas radioactivas. Ésta apertura, resulta una excelente revisita a el himno a la marihuana de los mismísimos Black Sabbath.
U.S.S.A. sangra desde una vena industrial desconcertante, dolidamente motorizada y lóbrega, escupiendo gritos y diatribas procesadas cual máquinas que mueren en una compresión demoledora; repitiendo una y otra vez, el nombre de una nación cuyo lado oscuro, versas en la peor de las decadencias. Aquí la carne se fusiona con el metal, la lujuria es reemplazada con motores en extinción, evocando la sonoridad más asquerosa de todas.
The O-Men se siente como si una pesadilla alucinógena te escupiese a la cara: su visceralidad fluye cual speed metal descompuesto, ridículamente pútrido y abrasivo, licuando las guitarras junto a las vocales hediondas, chocando a la vez, contra un intrincado muro electrónico; finalizando así, su ritual fétido, satánico y experimental, sobre una envoltura metalizada que te vuela los sesos.
Kuntz es un tema tramposo. Se trata de una canción de pop tailandés, Klua Duang, la cual puede traducirse como "El Miedo", por completo manipulada en un estira y afloja para crear sonoridades monstruosas y ridículas.
Graveyeard regresa en un resoplido de acordes alargados que chorrean distorsión, pesados efectos ruidistas, voces tratadas de manera soporífera y pestilente, entonaciones progresivas como vueltas de tuerca, sometidas exudaciones sónicas que sangran a borbotones.
22 Going On 23 es un repugnante cierre que presenta el testimonio grabado de una mujer que sufrió una agresión sexual. Musicalmente, los arreglos desenrollan vociferaciones rítmicas saturadas con tribalismo incandescente, guitarras que gritan ascensión psicotrópica y efectos atmosféricos distorsionados, recreando capa tras capa de bestial manipulación psíquica.
Locust Abortion Technician es un esfuerzo discográfico anárquico, aterradoramente envolvente y manipulador. Esta oscura joya dio vida a muchas otras emanaciones enrarecidas, brindando a los Butthole Surfers un estatus de auténtico culto que aun resuena amenazante.
Tracklist:
1.- Sweat Loaf
2.- Graveyard
3.- Pittsburg To Lebanon
4.- Weber
5.- Hay
6.- Human Cannonball
7.- U.S.S.A.
8.- The O-Men
9.- Kuntz
10.- Graveyeard
11.- 22 Going On 23

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