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BLACK SABBATH – SABOTAGE (1975)
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Black Sabbath es sinónimo de historia. Prácticamente cualquier banda de rock y metal, e incluso, una que otra figura artística afianzada en algún otro género distanciado de los primeros, los cita como una influencia latente. No es para menos, en 5 años lanzaron 6 álbumes que lograron ventas platino al poco tiempo de ser editados, por lo que su fama a nivel internacional justificó pertenecer por añadidura, al estatus quo de la conciencia popular.
Incluso los sonidos primitivos y cavernosos con los que inauguraron la tradición imperialista del heavy metal, vieron una pronta evolución conforme a la llegada de nuevas composiciones, asimismo, sus habilidades sobre el escenario sin duda obtuvieron envestiduras más elevadas, pasando de brindar carnavalescos conciertos a explosivas cátedras de oscuridad formativa.
Unidos antes de un anunciado declive: Geezer Butler, Bill Ward,
Ozzy Osbourne y Tony Iommi
Sin embargo, con las mieles del éxito también arriban amarguras: si bien no era secreto que los integrantes eran afines al consumo de estupefacientes, la cantidad con la que solían perder la cabeza se incrementó alarmantemente, aunque continuaban funcionales y con la sinergia que les impulsaba creativamente. Aunque sin verlo llegar, recibieron un golpe bajo: su representante Patrick Meehan, se aprovechó de las cuantiosas ganancias del grupo, estafándolos consecutivamente. En cuanto los miembros de Sabbath se percataron del sutil asalto a sus arcas, iniciaron las acciones legales correspondientes, pero el daño estaba hecho: la confianza depositada en Meehan les causó gran frustración, cosa que bien se reflejaría en los temas que integraría su sexto álbum de estudio; el implacable y último gran clásico de la era Osbourniana: Sabotage.
Locos locos, pero no tanto...
Grabado en los estudios Morgan en Londres, mismos donde fue registrado el colosal Sabbath Bloody Sabbath (1973), Sabotage representa el sabor agridulce de descubrirse traicionado, "saboteado", como dirían Iommi y Ward, con todo el asunto de los pleitos legales, reflejándose poderosamente en la estética del álbum: tenemos unos Sabbath en plena forma, iracundos y complejos.
Armando meticulosamente cada tema, con nuevos e intrincados arreglos, el uso de sintetizadores ganó relevancia atmosférica, acercándolos ejecutivamente hacia un escenario más progresivo. El plato se sintió auténticamente redondo gracias a sus rabiosos embates de rock pesado, y temas líricos acerca de traición, paranoia y por supuesto, el declive mental y espiritual. Las grabaciones tuvieron lugar entre febrero y marzo del 75, auspiciando su aparición en las tiendas de discos el 28 de julio de ese año.
Este es sin duda, uno de sus discos más pesados, agresivos y elaborados, que si bien, algunas de las novedosas incursiones no cayeron a bien a todos los miembros del grupo, y sobre todo a un sector relevante de su fandom, en general recibió grandes elogios y se posicionó como una de las joyas en bruto de la década.
Así y para beneplácito de todos los que gustamos de la esencia primigenia de Sabbath, tenemos un arranque titánico: Hole In the Sky explota con su ola de riffs monstruosos a una y dos melodías, cortando automáticamente la respiración, rítmica densa y diligente, adicional del trabajo vocal sobresaliente, cuyo incontenible berrido revelaría al verdadero y único Ozzy Osbourne.
Hole in the Sky
Don´t Start (Too Late)es un breve respiro, una interpretación acústica de esencia mágica, misteriosa, calladamente cósmica y de suaves texturas técnicas. La cual, da paso a uno de los cortes más poderosos en la trayectoria del grupo: Symptom Of The Universe ataca directo a la yugular con su inolvidable ciclo de riffs malignos, yendo a velocidad supersónica y derivando en quiebres de intensidad melódica surgida del averno, la línea vocal es enjundiosamente fúrica, y sin embargo, el tema se permite experimentar, invirtiendo su estructura hacia una dinámica más soluble, acústica y de aire hippie celeste.
Symptom Of The Universe
La espectacularMegalomaniaresulta una experiencia empapada con vastos riffs pesados de tintes que derivan entre el blues y la psicodelia, el entramado rítmico es un muro portentoso que nunca decae, en tanto las líneas vocales se vuelven soberbias con diligente travesía por la desesperación y la locura: más de nueve minutos que dan pie a la experimentación progresiva, con sus cambios impredecibles y arreglos tenebrosos como sobrehumanos.
Thrill Of It Allreverbera con su decenio de guitarras volcánicas y subversiva catedra de heavy metal elegante; cabalgando a medio tiempo con vocales punzocortantes y teclados sinfónicos, este es un esfuerzo triunfal que media entre lo bello y lo terrible, un coagulo a punto de reventar, la guitarra que mide toneladas incendiándose en medio de los círculos del infierno. Supertzares una tertulia operística, épica, atmosférica, auténticamente orquestal que se rige por oscuros coros eclesiásticos y riffs fantasmagóricos. Para algunos es un bache, Ozzy incluido, para otros, ejemplo tácito de la diversificación creativa de Tony Iommi.
Am I Going Insane (Radio)es probablemente, el verdadero punto débil de la placa, por ese acercamiento atmosférico al pop, centrándose mayoritariamente en los sintetizadores; que si bien resulta extremadamente pegajoso, contiene una esencia proclive al desastre y a la decadencia, anunciando un inmisericorde descenso a la locura.
The Writconcluye el álbum de manera exquisita, como nos agrada a todos: los riffs y las vocales malevolentes se transfiguran en potentes ondas de choque expansivas, aderezando discretamente con un arreglo lisérgico en el bajo y el golpe mordaz de la batería; transformándose continuamente, entre la balada y el rock más temerario. Su colérica letra escrita por Osbourne, esparce en diversos arrebatos que suponen el elemento más relevante del corte, la inmensa frustración que guardaba.
Sabotage tristemente, marco un antes y un después en la carrera de los oriundos de Birmingham, y pareciera un hecho de concilio masivo, en catalogarlo como al último de la banda con Ozzy. Y aunque no es el dato exacto, ha ganado mayor aceptación gracias a su sombría calidad indiscutible.
Irreverencia. Es la palabra ideal para adjetivar la actitud musical de una agrupación tan divertida y tristemente caída en el ostracismo como Los Toreros Muertos . Pertenecientes a la “Movida Madrileña”, este grupo integrado por Pablo Carbonell en la voz, Many Moure en el bajo y el tecladista de origen argentino Guillermo Piccolini, seleccionaron semejante apelativo como referencia a una de sus principales influencias: los Dead Kennedys . Virando entre la comedia en sus letras y los ritmos intrincados del new wave, cortesía de bandas como Talking Heads y The Police , la economía del punk y la festividad indomable del ska de Madness; Los Toreros grabaron en formato maxi single, aquel entrañable tema que les valió un inesperado éxito, sobre todo en Latinoamérica: Yo no me llamó Javier . Unos muertos muy vivos (y divertidos) Acogidos por la disquera Ariola, grabaron en 1986 30 años de éxitos , su álbum debut. Encabezando una serie de graciosas historias con escenarios ...
Caos.Oscuridad.Destrucción.Cochambre.Perversión.La espiral descendente al infierno. La década de los 90, que para muchos ejemplifica una carta a la nostalgia, en demasiados aspectos fue un desorden rotundo. El poder de los medios de comunicación se dejó caer con el mayor peso posible, impulsando a toda costa, o mejor dicho, imponiendo, una nueva cultura de la celebridad, en la que importaba más su decadencia y desapego emocional, principales características de sus venerados "antihéroes". Así, entre mayor conflictivos se presentasen ante las cámaras y autodestructivos tras bambalinas, mejores ratings obtenían, traduciéndose en cuantiosas ganancias. La industria musical, obviamente, no fue ajena a las prácticas escandalosas: el mundo del pop se vio invadido por la "nación alternativa" en la que personas, supuestamente comunes, mostraban su extraordinario talento con algún instrumento o tras el micrófono, para extirpar sus irreparables traumas, calificar cruelmente ...
Existe una mala creencia generalizada, la cual versa que Black Sabbath quedó tendido en la lona cuando Ozzy Osbourne fue expulsado. Sin embargo, es una total falacia. Siendo verdad que la agrupación no tuvo un vocalista y una plantilla de integrantes "fija" a excepción del eterno Tony Iommi , quien prácticamente asumió de su propiedad todo lo relacionado al grupo, incluyendo la parte compositiva y comercial. Durante los ochenta, el camino cimentado por el extraordinario Heaven And Hell encontró diversos baches que contribuyeron al mito de un bajón importante en la calidad de su música. Así, después del bueno, aunque poco valorado The Eternal Idol (1987), el grupo comandado por Iommi , quedó reducido a un tercio, junto al vocalista John Martin y el tecladista Geoff Nichols , lo cual supuso un nuevo cambio en la alineación. Entonces el guitarrista contrato al versado bajista Neil Murray , junto a una de las verdaderas revelaciones de rock progresivo, el baterista Cozy P...
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