ANIMAL COLLECTIVE – FEELS (2005)
Una gran cantidad de personas pensó en el rock como un género completamente agotado y carente de sustancia hacia finales de los años 90, aunque sólo pocos pudieron anticipar la tremenda resurrección que vendría de la mano de un importante revivalismo en manos de The Strokes o Interpol, además de la exitosa mutación de sonidos que dejaron de ser tradicionales, transferidos hacia un espectro de amplitudes estroboscópicas que atrajeron una nueva generación de adeptos.
De la camada de grandes artístas que dispusieron su talento a alimentar las huestes sonoras del "indie" que por supuesto, conquistó de manera superlativa el mainstream, se abrió paso Animal Collective, cuarteto oriundo de Baltimore, Maryland. No pasaría mucho para que establecieran sus propias reglas e inauguraran una paleta de sonido distintiva que sí bien, se encuentra recargada principalmente en el pop más experimental, su estilo desvaría entre un amasijo colorido de psicodelia, folk, rudismo y electrónica; esto en un ordenado collage sónico de arte y conciencia ecológica.
Si bien sus primeros trabajos lograron llamar lo suficiente la atención para hacerse de una muy consistente base de fans internacional, estos también orillaron a que ciertas instancias, sí, la dichosa crítica especializada, los encasillaran en la desastrosa etiqueta del "freak folk" por sus incursiones acústicas, construidas a partir de una base de efectos electrónicos y melodías ultra procesadas. Adicional, claro, de su cerebral contenido lírico focalizado en la conservación del medio ambiente. La cosa cambiarían en beneficio para ellos y para quienes hemos explorado su peculiar propuesta, a partir de Feels, su sexto esfuerzo discográfico, e impresionante punto de referencia en su trayectoria.
Editado el 18 de octubre de 2005, la placa muestra un giro (sin mucho drama) hacia el rock. Su proceso de composición y grabación definieron lo poco convencional del sonido resultante: según el testimonio de Geologist, la ejecución de las guitarras fue determinado por la "no" afinación del piano con el que configuraron las melodías. Este proceso, de por sí excéntrico, fue calculado con precisión científica, empleando criterios microtonales y loops para tejer un vestido aural entre las guitarras y el piano, con la finalidad de realizar sensaciones enrarecidas, aunque naturales.
La placa tiene una dirección bien definida, logrando desligarse de las divagaciones redundantes de algunos de sus contemporáneos del folk, materializando una onda textural compleja, la cual es evidente en Did You See The Words, un tema alegre y etéreo, que se sazona fuertemente con vocalizaciones intrincadas, punteos cursis y consistentes, además de sintetizadores abrasivos que enarbolan capa tras capa de vigorosa reverberación.
Grass es el aterrizaje logrado de una exploración cósmica, destacándose en una percusión cuasi tribal, el efectista impulso de las guitarra en un arranque saturado y ese ataque de alaridos militantes; un tema poderoso que brinca de la psicodelia pulsante al pop embelesador.
Flesh Canoe enamora en su fragante reverberación de vocales y guitarras procesadas, líneas divergente de sintetizador y teclados corales que supuran olas multicolor de ruido en un torbellino de pop psicodélico que fluye lento y acomedido por igual. The Purple Bottle abre de manera gloriosa con esas percusiones hondas y danzarinas, guitarras aéreas y vocales zigzagueantes, generando una esencia texturizada y transparente que emite luminiscencia propia, enmarcando un clímax sistemáticamente entusiasta tras otro.
Bees muestra un rostro sereno, melodioso, condensado en el rasgueo cristalino de una auto arpa y ese piano de imaginario sobrenatural, los sintetizadores integran una atmósfera densa, como una esfera de alcances planetarios, a medida que las vocales despliegan su melodía rupestre e introspectiva. Banshee Beat emprende con un eco tenaz en las guitarras y capas de metodología abstracta que enervan el avance consternado en las vocales, emergiendo con cierta colera psicosomática y un sesgo de alegría inexplorada, tejiendo un despliegue casi virtuoso de atemporales vibraciones psicodélicas.
Daffy Duck se sostiene a partir del canturreo vocal trémulo y los punteos gasificados de la guitarra acuática, interactuando alternativamente con sintetizadores envolventes que marchan cual amanecer frente a un lago iridiscente. El enrarecido piano en Loch Raven trae consigo un rostro más emotivo, logrando avanzar de forma acuta a partir de armonías lacrimógenas en las vocales y esos milagrosos sintes empañados con eco chorreante. Turn Into Something recupera parte del entusiasmo alegre de la primera mitad del álbum, con ecos naturalistas, percusiones a doble galope y entremezcla empañada de guitarras inflamables con briosos teclados de volcánico alcance, además, del arreglo vocal multi coral.
Feels de Animal Collective es un torbellino de excelente ejecución e ímpetu supra terrenal, ideal para escapar del caos cotidiano en sus 51 minutos de duración: sentarse a escucharlo con debido tiempo y calma, permite acceder a una dimensión de verdes prados que no conocen fin, cielos despejados de colores fluorescentes y titánicas canciones que reviran el entendimiento psíquico hacia laderas intermitentes de goce sonoro.
Tracklist:
1.- Did You See The Words
2.- Grass
3.- Flesh Canoe
4.- The Purple Bottle
5.- Bees
6.- Banshee Beat
7.- Daffy Duck
8.- Loch Raven
9.- Turn Into Something


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