JEFF BUCKLEY – GRACE (1994)
Poco más de treinta años sucedieron y el estado de gracia que alcanzó el cantautor estadounidense Jeff Buckley, no ha perdido ni un poco de su mitificación. Primogénito de la malograda leyenda de los sesenta Tim Buckey, la esencia artística heredada de padre a hijo es uno de los hitos más reconocibles en la historia de la música moderna, siendo trágico que ambos no envejecieran para disfrutar de la imperativa fama que alcanzaron.
Jeff llegó a New York en 1990, abriéndose camino de la manera más humilde posible, comenzando a tocar en cafés y locales pequeños, haciendo migas con músicos versados y poco a poco, estableciendo una reputación que trascendió al trovador convencional, luciendo gala de su rango vocal portentoso en un concierto tributo a su padre en 1991, además de establecer una clara línea musical tan intrincada como sensitiva.
Su estilo y carácter por sí mismo, alejado de cualquier comparativa posible con la trayectoria de su padre, se edificó en la caprichosa personalidad de su canto, femenina, poderosamente auténtica e inspirada en los alcances de concertistas como Maria Callas y Edith Piaf; capaz de desenvolver un dramatismo cautivador y emotivo.
Grace, su debut discográfico salió al mercado el 23 de agosto de 1994, cautivando de forma automática a críticos como a la incipiente legión de admiradores que ya le seguían. La configuración del plato no fue sencillo, ya que existían una gran cantidad y variedad de registros, entre tomas alternas, experimentales, covers, palomazos y varios intentos cuya calidad dependía mucho del buen ánimo de su compositor principal.
Haciéndose acompañar de Mick Grondahl en el bajo y Matt Johnson tras la batería (no confundir con el perpetrador de la maravilla inglesa The The), además de los guitarristas Michael Tighe y Gary Lucas, quienes aportaron su talento en la composición y desempeño de algunas canciones, además de tener al atinado Andy Wallace en labores de producción y mezcla, Grace comparte un sonido magnético que bien pudo representar la salvación para el rock altenativo de mediados de los noventa, en una jugada que no distaba del post grunge y sin embargo, resultó un esfuerzo artístico de brillo incalculable.
Este trabajo es una ola de romanticismo sincero y melancólico, que intercala una variedad de dinámicas nocturnas de intenso desempeño, y así lo demuestra Mojo Pin con su taciturna apertura que no tarda en llenarse de texturas intrincadas, una mística ensoñada en su ataque lírico de guitarras entrecruzadas, elegante percusión y por supuesto, vocales tan intimas como espectrales.
Grace es un cántico poderoso que golpea con una tristeza entrañable, generalizando una red de texturas cadenciosas que hipnotizan entre el vavién del bajo y la bateria, entre tanto, las guitarras diluyen por igual sendas embestidas a la Zeppelin con cierto desenfado de free jazz. Destacan las vocales grandilocuentes que jamás cansan y bien solicitan sacrificar cada porción del ser en pos de alcanzar la meta anhelada.
La exquisita Last Goodbye es un corte pasional a medio tiempo, entre arreglos vertiginosos de cuerdas, la acción activa de la bateria y guitarras de vehemente factura, las vocales refulgentes exudan una esencia confesional y encantadora, liberando por igual furia y tristeza, logranfo destrozar irreductiblemente cualquier corazón.
Lilac Wine es sobrecogedora, casi como experimentar un episodio extracorporal. Dejando atrás la brumosa intepretación de Nina Simone, de quien sin duda Jeff se inspiró, éste clarifica cada aspecto con su rango vocal, brindando una instrumentación cándida y tenuemente elaborada. La titánica So Real exprime una aflicción imposible de ignorar gracias al influjo del canturreo que revienta con una expresión vocal inolvidable, además, de los rasgueos fatuos y percusiones incisivas con empañada psicodélia que chorrea distorsión y pesadumbre.
Hallelujah es una experiencia aparte. Considerada por muchos como la versión definitiva del tema del maestro Leonard Cohen; la interpretación de Jeff es impecable, una oda cristalina de punteos certeros, ondulaciones vocales seductoras, celestiales, que transforman esta bella oración en la obra maestra que siempre fue.
Lover, You Should´ve Come Over repercute con estilismo casi pictórico, cadenciosa, casi como despertar con la primera luz de una mañana fresca, destaca su vulnerabilidad acallada en los fabulosos y sútilmente enrevesados arreglos de guitarras tersas, órganos en claroscuro, la base rítmica puntual y grandiosas maniobras vocales. Un triunfo absoluto en este tema, tan cercano, íntimo, humano.
Corpus Christi Carol es otra reinterpretación afortunada y diligente, abrazada por el falsete de Buckley, es casi un testimonio de curtida sabiduría, un angelical e incensante coro de diáfana intensidad. La incontenible Eternal Life nos lleva a la vena más rockera del cantautor, reminiscente a Led Zeppelin, parte a toda velocidad con el rigor rasposo del bajo, el compás contundente de la bateria y guitarras fluorescentes, el corte despliegua un tono furioso que no desmerece y continua engalando cada una de las cabriolas vocales.
Dream Brother es un cierre extraordinario, con guitarras texturales de aire psicodélico y arabesco, la incursión de tablas para una percusión precisa y atmósferica, Jeff nos arrastra hacia el reproche sinuoso por la ausencia de su padre, quien debido a su problema con las drogas, nunca vio por él ni por su madre. El corte es estremecedor, mantiéndose etéreo y divino.
Jeff Buckley fue fácilmente uno de los compositores más agraciados de su generación, siendo evocado por leyendas de la talla de Robert Plant, David Bowie y Bob Dylan, siendo influencia directa para Chris Martin, Thom Yorke, Matt Bellamy, Justin Hawkins e incluso para contemporáneos como Chris Cornell, de quien fuese amigo.
Grace presenta las fortalezas no sólo de Tim Buckley y Zeppelin, sino de los mismísimos Leonard Cohen y Scott Walker, digeridos en el impetu emocional de los 90, dando vida retroactivamente a una voz monumental, a un artísta en toda expresión, destinado al estrellato y sin embargo, instaurado en un estatus de culto que continua manteniéndolo con vida, una vida verdaderamente eterna.
Tracklist:
1.- Mojo Pin
2.- Grace
3.- Last Goodbye
4.- Lilac Wine
5.- So Real
6.- Hallelujah
7.- Lover, You Should´ve Come Over
8.- Corpus Christi Carol
9.- Eternal Life
10.- Dream Brother



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