BJÖRK – DEBUT (1993)
Björk Guðmundsdóttir es en todos los
sentidos, una artista consumada. El contexto de principios de los años noventa
es bien conocido: el centro de atención de la industria mainstream se
encontraba focalizado en la música rock de guitarra, priorizando la camada de
agrupaciones andrajosas que gritaban cuánto sufrían en la vida. Sin embargo,
una parte no menos significativa de la atención mediática colocaba su potente
ojo en los menudeos bailables que siempre han estado presentes, a veces mirando
desde un rincón oculto pero irrefutable, y en otras, desde la cima de la
prodigiosa fama internacional.
Para 1993 el techno mutaba de las cálidas emanaciones aurales de
los ochenta, hacia contextos abigarrados de filo melódico y beats monstruosos,
cada vez más contundentes en su golpeteo programado; logrando mover a las masas
silenciosas que esperaban sacudir sus sistemas orgánicos corporales en la
oscuridad de apretados antros.
Por supuesto, el formato de canción pop tampoco se encontraba del
todo desestimado y entre algunos de los adeptos al género que veían el fruto de
su trabajo florecer, eran los Sugarcubes, grupo que viraba entre sonidos
ligeros con tintes de post punk, dream pop, jangle pop y rock “alternativo”,
que si bien su estética se podría considerar colorida y variada, interesante y
comprometida con la música en sí, una de sus vocalistas, sí, la mismísima Björk,
comenzó a sentirse ajena al proyecto, por lo que en 1992 terminó por
abandonarlo y de paso, desbaratarlo para siempre.
Björk, quien ya contaba con un amplio conocimiento de
la composición y escritura de canciones, puesto que su auténtico “debut”
discográfico sucedió cuando ella tenía 11 años en 1977 y claro, su estancia con
los Sugarcubes, fue una especie de rito iniciático para identificar intereses y
reconocer inspiraciones, las cuales incluía a Kate Bush y Brian Eno,
convenciéndose de lanzarse en solitario con una propuesta completamente suya.
Algo a destacar, es el sentido de fuerte observación de Björk, casi
sensorial para distinguir las peculiaridades en este mundo y sus habitantes,
incluso ella misma es una persona distintiva, de enorme sensibilidad artística
y carácter enrarecido, imaginación traslucida e ímpetu eléctrico, no se explica
otra razón por lo que haya conseguido el enorme éxito mundial del que goza
actualmente, si no fuese por esta conjunción de calificativos sobrenaturales. Y
claro, todo esto codificado en su mayor talento: el explosivo rango vocal que
se le concedió a nacer, una tormenta de impacto sísmico del que nadie puede
salir imperturbado al encontrarse con la potencia de su canto.
Gracias a la inquietud musical de su creadora, hoy podemos
celebrar el treinta aniversario de Debut, un paso de valentía absoluta y
gozo estereofónico, un logro artístico incansable que no se empaña
ni desluce con los años, sino que gana amplitud en la consciencia y
se mantiene en lo más alto del éter soporífero. Editado el 5 de julio del 93,
la producción de la placa corrió a cargo de la misma Björk y Nelle
Hooper, quien ya se hallaba haciendo nombre al ser colaborador activo de Massive
Attack y posteriormente trabajaría con colosos como U2, The
Smashing Pumpkins y Madonna.
El plato es una exitosa fusión del universo electrónico que florecía
exponencialmente de la mano de proyectos innovadores como The Orb y The
Future Sound of London, con su fluides de texturas y beats prodigiosos,
samples, programaciones y estructuras que incitan a moverse hasta al más involuntario
de los sujetos; con el gusto dichoso del pop seductor.
Human Behavior es una muestra amplía del dramatismo vocal de Björk, quien desviste, desde el punto narrativo de un animal, la capacidad mental inoculada de los seres humanos, sobrepuesta encima de un sample de retumbos pedernales, resonancias corales y ruidismo sintético.
Crying bifurca su duración entre la vía del house alucinógeno y un pegajoso swing de exquisito acid jazz, donde el rango vocal es “discretamente” majestuoso con su invitación a divertirse y sufrir por igual. La inolvidable Venus As A Boy retoma el arquetipo del andrógino, sugiriendo en su letra, una senda de travesuras sexuales, a través del conmovedor vaivén del canto que reposa en este trip hop de percusiones tintineantes, teclados de tenue clamor y cuerdas acogedoras.
There´s More ToLife Than This resulta un alucinante experimento de beats a reventar con su esencia improvisada de jazz electrónico. Fue grabada en vivo y procesada para sintetizar el ambiente discotequero que fluye con sudada inquietud. Like Someone InLove difiere de la narrativa modernista, al encaminar como impulso principal un exuberante arreglo de arpa, en el cual la cantante islandesa recarga toda consideración melódica y disfruta envolverse de la aptitud delicada de esta balada que ha nadie deja impasible. Big Time Sensuality repunta con una cantidad de iones superpoderosos, regresando a la integridad techno dance pop de factura cumplidamente sintética, aunque despojada de claustrofobia; siendo el corte más festivo de la placa, al celebrar en su letra, la explosiva inspiración artística.
One Day es una radiante dispersión de electrónica cósmica, recogiendo una serie de samples de capas naturalistas y esa construcción ensoñada extraída del house ácido de Screamadelica; sin duda Björk impuso un estilo de drama doblegado en su interpretación, aun cuando la letra en lengua inglesa permanece con una sencillez efectiva. Aeroplane es un amasijo de posibilidades sonoras que se calientan a fuego lento, amplificando el fluido arreglo vocal a través de un jazz expresionista, texturas selváticas de instrumentos percusivos y metales soporíferos. Come To Me despega con una cálida cama de sintetizador, creando la inmersión automática hacia texturas misteriosas, percusión y bajo calmos que enarbolan un sometimiento enigmático hacia los teclados, cuerdas y la escalofriante locución de Björk, triunfando sobre distintas notas que parecen devoradas por su tenso dominio vocal.
Violently Happy es otra cauta explosión bailable, un paseo en claroscuro por la
tensión fúnebre de texturas y beats de circulación hipnótica, tan alocada en su
eclosión al house más punzante que embarnece de sintetizadores oceánicos y catarsis
amorosa. En la conclusiva y melancólica The Anchor Song los metales retornan
cargando con el taciturno drama que encumbra Björk en esta lóbrega
mutación de estados de ánimo.
BONUS TRACK: especial mención, a la poderosa y demencial Play Dead, escrita para un film gansteril de poca monta; es un corte sinfónico que amplifica la de por sí épica voz de la oriunda de Islandia, desgarrando su garganta en esta manifestación del sufrimiento más tácito, lustre y portentoso.
Debut es uno de los álbumes más notables de 1993,
un anunció a los cuatro vientos y frecuencias meníngeas acerca de lo que estaba
por venir, el despertar de una virtuosa que continuaría estirando las
posibilidades sónicas del trip hop, el sinfonismo de vanguardia y el pop.



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