METALLICA – 72 SEASONS (2023)
Metallica sorprendió a propios y ajenos este 2023, con
su nuevo álbum, el primero en casi siete años. Como era de esperarse, la banda lanzó
una gigantesca campaña global para darle la bienvenida a 72 Seasons, cuya
resonancia inicial motivó las expectativas y ansiedades de miles de seguidores (y
detractores por igual).
Siempre será bienvenido un lanzamiento por parte de la agrupación
californiana, y este no deja de ser curioso, en el que podemos
identificar ciertos paralelismos innegables: su estética sonora permanece
estacionada desde aquel retorno al thrash de 2008, con la aparición de Death
Magnetic, manteniéndose en Hardwire To Self-Destruct (2016), adicional de la
continuidad de productor con Greg Fidelman, quien hace un estupendo trabajo tras la consola, brindando equilibrio y
raciocinio técnico a todo el montaje.
Adicional, un tema no menos interesante, ya los veinte años de diferencia,
no ha impedido que este “72 Temporadas” encuentre en el mismísimo St.
Anger, un hermano mayor: ambas placas nacen de la desesperación, la angustia y
la furia, sobre todo, del aquel procesamiento individual e interno por digerir
el aspecto más desdeñable de la psique; y por supuesto, el autor de estos
tremendos y rabiosos soliloquios no podía ser otro que James Hetfield.
Protagonizando nuevamente, un episodio de rehabilitación de adiciones, terapia
psicológica y un proceso de divorcio, pero a diferencia de aquel santo enojo de
2003, el señor Hetfield muestra un punto de madurez tal, que no teme
exhibir el lado más sensible de su carácter, mirando de frente el significante
de su vida a través de la fama y la apreciación de su inocencia perdida.
La creación del álbum comenzó a gestarse en marzo de 2021 hasta
finalizar en noviembre de 2022, dedicándole tiempo suficiente no sólo a la
composición, en palabras del cuarto, sino al sumario de emociones fuertes y
sana convivencia que solidificó su trabajo en conjunto, mientras que, en
labores de grabación y producción, este es uno de sus álbumes mejor pensados y
pulidos.
Sin duda, es Metallica a plenitud, despreocupándose de
presentar canciones “bonitas” que endulcen el oído, esto se trata de la
ríspida exploración de la condición humana en los términos más oscuros y trampeados,
ellos han aprendido a domar a la bestia, aunque probablemente debido a
la edad con la que ahora cuentan, les nota premeditadamente recatados.
La placa abre con la homónima 72 Seasons, una poderosa ignición del thrash tradicional de la banda, soltando un galope de riffs metahumanos y redobles de batería centellantes, aderezado con arrebatados coros de encolerizada factura que suturan una mini-suite de persistente tensión.
Shadows Follow presenta un problema, baja las revoluciones que dejó la centella exuberante del primer corte, muy a pesar de su notable trabajo de tumbos densos de groove hipnótico; los arreglos en las guitarras son íntegros y el tintineo corpulento de los platillos y tarolas cumplen en regla, mientras el bajo es puesto por delante en la mezcla, siendo lo más rescatable, adicional de su carga dramática pandillera en el arreglo vocal, articulando el abominable remordimiento de un pasado casi inmediato. ScreamingSuicide es otro corte de repercusiones enérgicas, claro, tal como debía ser, aumentando ligeramente el impulso en sus compases y estirando una serie de riffs melódicos aborígenes que bien datan del rock pesado de los setenta, aunque siendo honestos, no siempre es conveniente resucitarlos. Los solos de Kirk Hammett son nostalgia pura, tal como si abrazaran el tema lírico que nombra el corte, algo trillado a estas alturas. Sleepwalk My Life Away es un pequeño jam de bajeo corpulento tornándose una demostración de melodías y riffs poderosos que se ejecutan ágiles, mostrando un armazón más cerebral que enérgico; aquí la persistencia le gana a la velocidad, aunque la narrativa atormentada compensa el furor flemático.
You Bust Burn! erige un cerco de riffs inaccesibles, tan macizos e incisivos que no permiten adentrarte lo suficiente al tema. Probablemente, este sea el momento más pesado del disco, sin embargo, también el más tedioso al no presentar movimientos significativos y sólo intercalar leves pasajes melódicos y un solo comprimido que lucha por jalar algo de aire. Afortunadamente, el auto infringido empalago es derribado por Lux Æterna, la cual corre a la velocidad del relámpago a través de punteados riffs electrizantes y sus volátiles coros en plena forma; este es un auténtico destello trozando la oscuridad.
Para este punto, encontramos un par de analogías: para Load y su King Nothing, tenemos Crown of Barbed Wire un corte extraño que renueva los votos de lóbrega pesadez, intensos riffs a lo Black Sabbath, donde el solo de Hammett desempeña un medio tiempo de melodías afiladas y la voz de Hetfield se registra en una escala casi extraterrestre. Chasing Light es un premeditado retorno a Fuel del Reload, contundente en su vigoroso empuje que se motiva desde la batería, las guitarras disparan riffs que texturizan perfectamente una atmósfera densa, mientras el poderoso bajeo engrandece la enajenante valía sónica. If Darkness Had a Son es otro aleccionamiento del vestigio thrash que la banda lleva arrastrando y si bien, el corte no resulta sorprendente en una primera escucha, poco a poco sus cualidades van asomando: riffs cíclicos, rítmica compleja, texturas intrincadas y un muro melódico estridente. Esta es una exploración del estado mental subyugado, en plena aceptación de sus debilidades.
Too Far Gone? inicia la recta final de la placa con su ataque ascendente en las guitarras y el trote de la sección rítmica, desplegando un crujido contundente y desplantes melódicos que centellan una visión lograda del rock de los setenta; brindando mayor espacio al desempeño vocal y la narrativa recelada en la letra.
Room of Mirrors resulta un corte espectacular con su martilleo y dominio melódico, forjando un muro infranqueable de ráfagas lanzadas a quemarropa. Este corte es la afrenta pesadillesca de un hombre que mira imposibilitado, como todo a su alrededor se derrumba y resulta mero reflejo de sí mismo.
Inamorata es una
colección de recursos que remite a varios instantes que la agrupación domina: intercalar voces de soporte, riffs
evocativos, ganchos conspicuos y melodías que forman texturas puntiagudas, remitiendo
por supuesto, a los temas más largos en sus anteriores placas, sobre todo a Load,
sin embargo, falla en alcanzar la misma intensidad, compensando con rígidos
embates. Este es el equivalente a The Outlaw Torn y All Within
My Hands con un toque del …And Justice For All: más de once minutos que no se
sienten cansados, pero necesita de varias escuchas para encontrar su lado entretenido.
Tras 40 años de trayectoria, tenemos un grupo que continúa sustentando su posición como uno de los mejores de toda la vida; y 72 Seasons, en palabras de James Hetfield, remite a los primeros 18 años de una persona, en los cuales forja quien se convertirá en su edad adulta. Sin duda, éste el mejor de sus álbumes imperfectos.



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