PSYCHEDELIC FURS – TALK TALK TALK (1981)
Durante la segunda mitad del siglo XX, las revoluciones sociales y
culturales rescataron, justo a partir de la década de los sesenta, algunos de
los factores más representativos de la vanguardia de principios de siglo;
hablando concretamente en cuestiones artísticas, para asimilarlas en los contextos que fueran conformándose.
La irrupción de la utopía hippie, cuyas repercusiones, supieron más amargas que a triunfo. Con el estallido punk, por lo menos en el ámbito musical, una corriente peligrosa y subversiva empujo para estirar las reglas y cuando estas no funcionaron más, se decidió comenzar de nuevo, trabajando desde las cenizas. Psychedelic Furs surgieron en 1977 como parte de este movimiento, incursionando con un sonido aparatoso y ríspido, que pronto se vio destilado hacia una corriente más artística, influenciados enormemente por los trabajos más vanguardistas de David Bowie, así como de la convergencia del new wave que yuxtaponía furia y un toque distintivo de elegancia. Porque sin duda, ellos, en estilo e interpretación sonora, resultaron diametralmente distintos a Duran Duran o New Order, con quienes la crítica pretendió emparejar.
El estilo rocambolesco de los Furs se debe principalmente, a los
componentes que tiran de sus cuerdas: el timbre distintivo del vocalista Richard
Butler, el bajeo redondo de su hermano Tim Butler, adicional del aguerrido
baterista Vince Ely, el excelso saxofonista y tecladista Duncan
Kilburn y los guitarristas Roger Morris y John Ashton;
formación que lanzó su debut en 1980, mezclando una serie de atmósferas oscuras
con ritmos acompasados, posicionando más de una mirada sobre ellos. Para
fortuna de todos, su segundo opus Talk Talk Talk es un logro que
maximiza lo emprendido con anterioridad: agrega dinamismo a su rítmica y
complejidad al trabajo de las guitarras, enarbolando un manojo de texturas
lumínicas que se mezclan con formidables teclados y el barítono crepuscular de los
saxofones de Kilburn. Editado por primera vez el 6 de junio de 1981, el
productor asignado fue Steve Lillywhite de quien podemos hablar cosas
muy agradables, como haber perpetrado algunos de los mejores trabajos de U2
y Peter Gabriel.
El álbum es una deslumbrante dilatación hacia el pop, exponiendo un lado más accesible que se despoja de la esencia gótica (certera influencia de Joy Division) ganando matices de color refulgente, pero ataviado de agresión subversiva y letras cuyo significado se arraiga en lo enigmático. Abriendo con la poderosa Dumb Waiters su vigoroso ataque comulga el saxofón y la guitarra, texturas hipnóticas que ensanchan la vocalización delirante de Butler, mención aparte, su letra Dylanesca de percepciones casi surrealistas.
La clásica Pretty In Pink destila su afán de dos matrices: la Sweet Jane de The Velvet Underground y el protestantismo glam de Roxy Music. Acribillando con sus guitarras y rítmica frenéticas, conquista irremediablemente el oído gracias a su pop angustioso y notable romanticismo.
I Wanna Sleep with You escupe frenesí desde su batería, bajo metalizado y texturas ríspidas de guitarra, voz, teclados y repentino saxofón. Su letra es una declarativa sexual sin tapujos, que, aunque carente de moralidad, está lejos de ser pueril y banal. No Tears carga su energía en el canto melancólico de Butler, sazonado con una sección rítmica machacante y un delicioso despliegue de saxo modulado mediante el rugido de las guitarras. Mr. Jones es un corte que supura adrenalina por su embate guitarrero, percusiones directas y megalomanía vocal. El solo de saxofón enardece al tiempo que su letra vuelve a referenciar a Dylan, desde su mero título. La poderosa Into You Like a Train continúa con la cadencia enérgica, avanzando a toda velocidad y endulzándose con excelsas líneas de guitarra, sorprende su enajenada letra de índole sexual, cuyo eufemismo, resulta un recurso efectivo.
It Goes On inicia como un cauto embrollo de texturas electrizadas, exacerbando el ánimo de las guitarras a través de su pavoroso saxofón; sobresale la sección media, donde su duro bajeo reta los compases de batería. Butler no se queda atrás y sus vocales adquieren un aire sufridamente épico que resulta inolvidable.
So Run Down adapta sus cínicas melodías vocales a texturas plenamente pop, espesándose a través de su bajo metálico, percusiones hondas y guitarras divergentes. All of This and Nothing tiene una introducción acústica que pronto incorpora al resto de la agrupación, surtiendo el efecto enardecido de una explosión tras un accidente automovilístico. La vocalización de Butler es nítida como el avance de la batería, golpeando enérgica hasta columbrar su final lleno de tensión. She is Mine concluye como un canto de romanticismo sincero, contemplativo y melódico. A lo largo de la placa, las letras retratan casi de manera idílica, una mujer cuya personalidad se va modulando, hasta encontrarnos plenamente con su imagen.
Talk Talk Talk fue un triunfo artístico a plenitud, sin embargo, en cuestión de ventas, fue bastante desangelado. Apartando ese dato de vista, resulta una escucha ultra necesaria para comprender las vertientes del post punk y el new wave que tanto proliferaron durante los ochenta y cuyo eco, continúa replicándose con intenso fanatismo.


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