JAMES DEAN BRADFIELD – EVEN IN EXILE (2020)
El hacer artístico muchas ocasiones manifiesta sin desearlo, uno de los
objetivos para su continuidad en el mundo: el artefacto mismo de la trascendencia. Que un artista logre influir en otro mediante su obra, es un
logro superlativo que merece apuntarse, sin que requiera otra manifestación más
allá de lo honorable y estático.
James Dean Bradfield, es vocalista y guitarrista de una de las agrupaciones de rock más importantes de los últimos años, Manic Street Preachers, cargados con una sensibilidad extraordinaria para la composición y la ejecución de géneros tan variopintos que van desde el punk, synth pop y la música barroca, alcanzando un pináculo verdaderamente exitoso, al que no han faltado momentos difíciles que cimbraron la posibilidad de la separación. Bradfield, habilidoso y aguerrido, es un hacedor de riffs frenéticos y dotados de grandes ganchos pop, enalteciendo su evidente amor por la música.
Para su segundo lanzamiento discográfico en solitario, que llega catorce años después de
su ya lejano The Great Western, Bradfield consigue un álbum conceptual
que obtiene toda su imaginería de la vida y obra, de la inesperada figura del
compositor chileno Víctor Jara. Como todo revolucionario que nutrió sus
expectativas en la década de los sesenta y posteriores, Jara fue una
personalidad inquieta: desde niño inició una trayectoria como cantante,
acrecentando su labor artística al dedicarse a la poesía, dramaturgia y por
supuesto, a la canción de protesta, resultando un férreo opositor del régimen dictatorial
de Augusto Pinochet.
Con lo anterior en mente, Brandfield hizo mancuerna con Patrick
Jones, poeta, dramaturgo y hermano del bajista de los Manics, Nicky
Wire (Jones), y por obvias razones, antiguo conocido del músico, para
generar una celebración, a su manera, de los momentos más significativos de una
vida diligentemente artística que luchó hasta el último suspiro para elucubrar su leyenda.
El álbum salió el 14 de agosto de 2020, conteniendo 11 canciones que rayan lo desafiante, lo caustico y por supuesto, lo dramático. Abriendo extraordinariamente con Recuerda, un diáfano rock pop que recarga prodigiosamente su poder en la voz de Brandfield, surcado entre capas de teclados, guitarras eléctricas y la máxima del trovador, una melodiosa guitarra acústica.
The Boy From the Plantation recuerda a los momentos engañosamente calmos de los Manics, integrando un filo épico gracias al contundente trabajo en las guitarras, detalles preciosistas de armónica y cremosidad referente de los ochenta.
Los sintetizadores luminosos de There´ll Come a War confrontan dramáticamente las percusiones, manteniendo expectante un piano taciturno para generar tensión y evocando los momentos más oscuros de un país que se resistía a caer ante la opresión.
Seeking the Room With the Three Windows es un corte instrumental, como la requerida elipsis que nos acerca más a la emotividad de la historia, cubriendo sus pasos con guitarras intensas, teclados que arropan el cielo matutino con matices espesos y una sensación de súbita tranquilidad. Thirty Thousand Milk Bottles cimbra con grandes percusiones, magníficos solos de guitarra y gráciles sintetizadores. Brandfield canta con emoción, sobre una incansable lucha de amor y justicia, eufemismo del espíritu y la belleza que enarbola una expectativa poética a plenitud.
Under the Mimosa Three es otro pasaje semi acústico de teclados y melodías preciosistas, aludiendo de forma sinestésica, un serial de imágenes campiranas que ganan vitalidad gracias al arreglo de cuerdas portentoso. From the Hands of Violeta resulta un verdadero himno que goza de los momentos de calma, partiendo de versos acústicos, elevándose con serenidad a través de teclados que permean ese eco profundo a la memoria, porque la vida que se enuncia marcha con valor y fuerza.
La fluida Without Knowing the End (Joan´s Song) contiene arreglos más cercanos al progresivo pop y glam rock, arrastrando excelentes riffs que supuran calidez, una base rítmica de percusiones firmes y un James Dean Bradfield en excelente forma. La Partida es prácticamente un cover de Jara, aunque despojado de su característico acento Latinoamericano y edulcorado con grandes recursos de western, incluyendo vocalizaciones corales en capas que ganan emoción al acompañarse por teclados de sonoridad gigantesca.
The Last Song es un corte evocativo arropado con guitarras dramáticas a sazón de efectos de sintetizador, un cause acústico que fluye grácil mente, trayendo instantes destacados como el solo de guitarra eléctrica y más acordes metálicos que abren paso a coros que chorrean dulzura. Santiago Sunrise concluye el plato entre atmósferas oscuras de progresivo que bien podrían caber en el Meddle de Pink Floyd, estableciendo una resonancia de altura y nueva epicidad.
Even in Exile es un maravilloso tributo, donde el sentido de
comunicación difiere de la fuente original, trasladando su espíritu más
inmediato hacia una prosa romántica mucho más contemplativa, siempre cargada de
una musicalidad elegante.


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