NICO – THE MARBLE INDEX (1968)
A simple vista, Nico podría haber parecido el mero capricho de un excéntrico personaje como Andy Warhol, integrándola en su recién "adquirida" agrupación musical, The Velvet Underground, para musicalizar una variedad videos experimentales psicotrópicos en diversas presentaciones con la finalidad de enloquecer y molestar a los presentes. Sin embargo, la misma Christa Päffgen mostraría ser una artista en toda la expresión de la palabra, gracias a su enigmática personalidad.
Después de la aproximación cálida de folk pop que fue su álbum debut, Chelsea Girls (1967), Nico dejó de lado su ocupación como modelo, incursionando de lleno en el mundo musical, un hecho valioso, considerando que su segundo larga duración, The Marble Index; resultó una sorpresa experimental, de deliciosos temas letárgicos que destilan una sensación glacial como enrarecida.
Existían pocos álbumes como éste cuando se editó en noviembre de 1969. Atrás quedó la imagen de ninfa solar de ilusiones cuasi virginales que abrazaba las acogedoras melodías pop de los sesenta. Apoyada en la producción y composición por el mismísimo John Cale, e inspirada relevantemente por Jim Morrison, quien, adicional de resultar su amante, en aquel entonces, la consideraba como su “Alma Hermana”, instándola a componer sus propios temas y arrebatarse hacia sentimientos de extremos inexplorados. Esta fase requería sumergirse hacia instancias de una envergadura poética desgarradora, complementaria a sonidos “visceralmente intelectuales”.
The Marble Index no es un plato sencillo de escuchar, no se puede estar completamente preparado, porque contrario a lo que se puede imaginar, no es un disco de rock n´roll, mucho menos de pop. Sin embargo, algunas reminiscencias de ambos sobreviven en el ímpetu de las canciones que supuran desde su espíritu taciturno y hermético, basando libremente la canción clásica europea e inyectado con la travesía delirante de las drogas duras; el álbum comienza con la rica austeridad de Prelude, un prólogo donde se intuye una sustancia acallada y vanguardista. Lawns of Dawns es una procesión fúnebre, colmada de ferocidad exuberante, en donde resalta el armonio fuera de tono que da paso a la voz fría y serpentina de la cantante teutona, decantándose en una letra inspirada en viajes de ácido.
No One is There mantiene a flote las melodías de aire medieval, en tanto su orquestación acompañada por la viola de Cale, se vuelve siniestra a lo largo de sus tres minutos y medio, gracias también, a su letra, ambigua como alucinógena. Ari´s Song se mueve entre la sombra instrumental y un zumbido sobrecogedor, mientras el armonio ilumina brevemente la espesa atmósfera, a través de fugaces tintineos; siendo que Nico dedicó esta canción a su primer hijo. Facing Wind filtra las vocales hacia un aire macabro pero atrayente, en tanto su apertura deja correr una sensación incógnita por ocurrir: zumbidos sintetizados y percusiones lejanas, exhiben este tema como un eco aterradoramente inflexible.
El lado B, en el LP original, abre pavoroso con Julius Caesar (Memento Hodie) una oda experimental e indomable, en la cual, su letra explora el tema mitológico desde un punto de vista surreal, influencia de las drogas, por supuesto; batiéndose entre la atmósfera taciturna del armonio y pliegues insomnes de la viola, donde Nico extiende su médula evocadora, esencia que, sin duda, influiría en el futuro a vocalistas consumadas como Björk, Tori Amos, Siouxie Sioux, Lisa Gerrard y Zola Jesus. La confrontativa Frozen Warnings se expande abrasiva, transformándose en una delicada proclamación de actos apocalípticos de profusas consecuencias. Las armonías fluyen entre su poderosa y bien manipulada voz y unas prodigiosas capas de órgano.
Llegando hasta, el que sin temor a equivocación, es la pieza más épica y hermosamente tenebrosa del álbum, Evening Light; hipnótica y opulenta, puede resultar antesala directa del dark ambient, acometida entre mordaces sonoridades de drone, harpsichord o clave, en español (una pianola medieval), tímpanos, la resonancia de una guitarra oculta y el influjo virulento de la viola a tope. Nico se destapa cantando sobre el fin de los tiempos, ocasionando un sutil caos fluyendo entre lamentos y erupciones que finalizan en recias agresiones de ruido. Una conclusión perspicaz montada en la hecatombe.
Vale la pena mencionar las dos canciones que se incluyeron en ediciones posteriores del álbum: Roses in the Snow y Nibelungen, discretamente altivas y aturdidoras. Mantienen la esencia oscura y gélida de las ocho piezas originales, conservando la extraña emotividad, causante de ese agradable “repelús”.
Su portada, la fotografía en primer plano del rostro de Nico, como tomada en mero punto de ebullición del expresionismo alemán, rasgos delgados, labios pálidos, cabellera ceniza y esos ojos estáticos de peligrosa mirada, como inexplicable escalofrío en la piel. La cantante se coronó como una sombría reina de hielo. Estéticamente, influyó en toda la moda y música gótica de finales de los setenta y ochenta, los mismos Ian Astbury de The Cult y Peter Murphy de Bauhaus la mencionan como influencia directa.
Gracias a su montaje de composición poética basado en la construcción de rimas internas, y su formidable valor vanguardista, The Marble Index es un diamante en bruto, influyente para las generaciones venideras, favorecido en su innegable calidad y su desbordado influjo psicodélico.

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