JOHN CALE – VINTAGE VIOLENCE (1970)
John Cale posee prodigiosas credenciales afincadas en la música subterránea y de vanguardia. El nacido en Gales, llegó a Nueva York en 1963 para establecerse y exprimir lo mejor posible, sus fijaciones literarias y musicales.
Formando parte de diversos proyectos sonoros experimentales, donde
las capacidades de generar sonido eran estiradas hasta su máxima holgura, por decir alguno, el famoso colectivo del gurú sonoro La Monte Young. También fue el cofundador,
junto a Lou Reed, de una de las agrupaciones de rock más grandes de
todos los tiempos, y menos apreciada en su momento: The Velvet Underground.
Floreciendo conjuntamente a la década del setenta, el primer álbum solista
de Cale mantienen ese ánimo innovador, su viola recuerda fuertemente a las
primeras grabaciones con los velvet underground, cuando Nico aun
pertenecía a la banda, una imposición de Andy Warhol más que por gusto de los
integrantes; así como por el entusiasmo súper espeso de capaz de White
Light White Heat, sin embargo, aquí encontramos una yuxtaposición de elegancia e
indagación: el caos fue domado, comprendido y destilado para manejarse de una
manera sensitiva e intelectual.
Usando con excelsa sofisticación la viola y demás instrumentos como el bajo
eléctrico, guitarra, teclados, y aderezando con su voz barítona, la construcción del
álbum derivo hacia rutas, si bien ya exploradas, a un concepto de pauta ambivalente: tenemos de primera impresión un álbum complejo y nocturno. Tras
de ello, descubrimos de inmediato su esencia real: música diáfana, enarbolada
con luminosa alegría y letras que rayan entre la genialidad a través de su astuta
escritura.
¿Qué clase de canciones pueden venir incluidas en un álbum que lleva por
nombre “Violencia Añeja”? ¿Qué significado podemos acreditar a su
portada, el rostro de Cale cubierto con una máscara de plástico chorreante?
Su producción es satinada y lisa, aventajada en la consola.
El álbum fluye con el galope de una caravana psicodélica, enlazada con la guía omnipresente de Cale, dotando todas las canciones con una personalidad barnizada y distintiva. Hello There abre refulgente, un rock encantador y festivo, conjuntando percusiones y piano, donde las guitarras mantienen un perfil discreto, aunque esencial. Algo que se mantendrá constante en el álbum, es ese canto ronco, un detalle críptico que nubla las emociones que sus letras deben expresar.
Gideon´s Bible es un pieza profunda y enigmática, su piano y guitarra se huyen meticulosos acrecentando el ritmo, cada vez más cadencioso. La canción es preciosista, el coro revienta con eco y grandilocuencia, no siendo para menos, su letra narra las tribulaciones de un personaje bíblico, cuyo precipitado destino.
Adelaide es un blues con armónica incluida. Esta es una pieza juguetona, dedicada a una chica idílicamente inocente, de nuevo, el piano resplandece en una ejecución ingeniosa. Big White Cloud destila belleza con atmósfera coral y espesa, condensando una extraña pero auténtica ternura. Las guitarras acústicas y eléctricas rellenan los espacios, mientras el piano enardece bajo el pulido arreglo de cuerdas. Una gran nube blanca, tal como relata Cale en la letra, es plenitud desencantada volcándose sobre su cabeza.
Cleo es un corte jovial; reuniendo guitarra, piano y órgano en divertido equilibrio, contándonos el encanto inocente de una chica que se muestra deliberadamente renuente “para venir a jugar” y aceptar el enamoramiento. La acompasada Please se desarrolla en una evocación de guitarras y piano diligentes. El canto de Cale se aproxima sustancialmente a la ternura, con todo y letra chasqueada: una súplica por detener el paso del tiempo. En Charlemagne, Cale dirige los instrumentos como un maestro de ceremonia convulso, cantando en tonos difíciles de alcanzar, pero que estallan sin mayor consecuencia. Bring It On Up es sorpresivo country, fácilmente equiparable a los temas rurales de Nashville Skyline de Bob Dylan y los sonidos filtrados del Here Comes the Warm Jet de Brian Eno.
Amsterdam es la pieza más íntima del álbum, gracias a las progresiones de su guitarra acústica y voz serena, fluyendo entre el dolor de una perdida y la penumbra suplicante. Ghost Story repercute con distintiva elegancia, regresando la densidad espaciosa y dramática, casi como un manifiesto de escalofriantes efectos sonoros, cortesía de la briosa mezcla de órgano, batería y guitarras, ponderándose tras un sobrecogedor misterio.
Fairweather Friend cierra el álbum originalmente, con su trote de rock n´roll clásico,
consonante y jovial, un llamado hacia la despreocupación engañosa.
Para su reedición en 2001, se añadieron dos pistas adicionales, una versión
alterna (aunque por un pelo idéntica) de Fairweather Friend, donde la
mezcla brinda más presencia a las guitarras y dota de un eco penumbroso a la demás instrumentación, adicional de jugar con la textura vocal de Cale, haciendo más contundente su canto. Y como épica conclusión, una pieza sobrecogedora,
enteramente instrumental, llamada Wall. Alucinante y excéntrica, las violas
toman el control, captando una serie de movimientos que van desde la fascinación
hasta lo turbador. Muy justo el apelativo, ya que se trata de una pared auténtica
de sonido, larga e impenetrable, virando desde los sonidos comunes y trastocados,
por medio de algo que podemos llamar “las notas prohibidas”.
En el marco de su cincuenta aniversario, Vintage Violence es una parada necesaria para aquel que guste de sonidos selectos y al mismo tiempo, busque aventurarse por terrenos donde la experimentación no teme manifestarse.


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