DAVID BOWIE – THE MAN WHO SOLD THE WORLD (1970)

 



Ocurren experiencia en la vida que marcan un antes y después, la ocasión definitoria entre la infancia que se transforma en madurez, una sensación honda que estremece los sentidos, recorriendo la superficie de la piel. Sin que lo imagines o desees, sucede una transformación. Acontece el momento iniciático.

El tercer álbum de David Bowie es un catalizador, esa experiencia angular como la espada que ha quedado hundida sobre la piedra. El plato, puede resultar, mirándolo con cierta perspectiva, el verdadero primer opus del artista. Pero claro, imposible es, exceptuar el conjunto de canciones aparecidas en 1967 de esencia británica, pero con deseos febriles por saberse americanas, además del estupendo Space Oddity de 1969; cuya razón de ser, es cohesionar la esencia del folk con el sueño de la carrera espacial.



Para este álbum, el camino, si no del todo clarificado, fue una vista más consistente y la continuación vital por encontrar un lugar para existir. Casado y siempre pendiente de las nuevas tendencias estilísticas y actividades del subterráneo, David Jones tomó nota importante de acontecimientos y obsesiones para moldear las piezas musicales que se incluirían. Compuestas en su nueva residencia, una mansión de principios del siglo XX y decorada de manera extravagante con piezas de arte gótico y pinturas de la época, aquel hogar fue pasarela de una galería de personajes curiosos, además, centro de una constante exploración sexual. Con un estudio improvisado en el sótano y acompañado con dos invitados de lujo: Tony Visconti, quien figuró como productor/bajista, y el guitarrista Mick Ronson, piedra angular para los arreglos y composición extravagante de la obra. Las canciones, inclinadas o no, hacia el sonido de grupos de incipiente heavy metal como Zeppelin y Sabbath (ambos con más inclinaciones en el blues), tienen una estructura de brillante pesadez, profunda y fuerte. La transición radical entre las guitarra acústica del folk sentimental y el destello eléctrico centellante de Ronson, arrancaron hacia una dirección interesante de sonidos complejos e intrincados. Adicional, las temáticas contenidas influirían en los distintos caminos a explorar: el submundo homosexual de Londres, ideologías alternativas de protesta (opciones imposibles fuera del comunismo estancado y el capitalismo desmedido), el nihilismo filosófico de Nietzche y el ocultismo.


The Width of a Circle, es una apertura ominosa gracias a su enrevesada instrumentación, la guitarra eléctrica es un aullido que se conjuga con los compases cargados de batería y bajo. Los solos de Ronson se desenvuelven como un largo y terso papiro, permitiendo a la suite estallar con la voz deliberadamente afectada de Bowie; siendo la letra, la narración fantástica de un encuentro sexual con un ser metafísico. 

Con todos los locos...

All the Madmen se acompaña de la guitarra acústica, volcándose a una variedad de texturas provenientes del sintetizador moog y a la centella eléctrica de riffs que viran entre el blues y lo psicodélico, incorporando pesadez a la sección rítmica. El canto de Bowie es dolido gracias a su letra saturada y oscura: una confesión devastadora que se aferra con uñas y dientes a la salud mental. Black Country Rock marcha a través de las guitarras de Ronson como su guía principal y a todo galope. La voz de Bowie es expresiva a plenitud en un ejercicio de divertimiento y precisión rítmica. After All, detona con guitarras acústicas y el susurro de Bowie que interpreta solemne su letra poética, un mantra desencantado sobre la perdida de la inocencia. 

Running Gun Blues es intrépida y grandilocuente, la sección rítmica fluye dinámica entre los espacios que se llenan con sonido, mientras los platillos se cohesionan a través de los golpes de la guitarra, convirtiendo los riffs en filosas cuchillas de una motosierra. El remate perfecto es la vocalización saltarina y ahogada de Bowie quien juguetea con la letra, una sagaz sucesión de imágenes, casi lisérgicas de la guerra de Vietnam donde coinciden toda clase de asesinos armados hasta los dientes. 

Huyendo con el arma...

Saviour Machine se vuelca completa en el hard rock con guitarras veloces de efecto metálico y abrasivo, el arreglo de batería es un allegado digno de agrupaciones como Cream o la Jimi Hendrix Experience. La sensación que provoca vira entre una rebeldía indomable, pero melódica, Bowie canta afligido, aunque sincero, otorgándole una extraña emotividad a una letra que narra la “existencia melindrosa” de una super computadora que prefiere un “suicidio electrónico”, a lidiar con las carencias de la insensible humanidad.  She Shook Me Cold es una serie de riffs pesados que acompañan el canto encapsulado de Bowie, una bomba de sonido cuya estridencia en el solo de guitarra, debate un duelo supersónico contra la batería y el bajo, complementando la figura escalofriante de la letra, una mujer vengativa e implacable. Así, llegamos a la pieza homónima del álbum, The Man Who Sold the World, cuyo atributo es tan melancólico como inquietante. Reconocible en el acto gracias al riff inicial de guitarra y su instrumentación precisa. El sintetizador moog la cubre con una atmósfera luctuosa y taciturna. Bowie narra en su letra, la fúnebre necesidad de conquista, codificada en un brío que si bien pomposo, también resulta vertiginosamente críptico. 

Aquel que vendió el mundo...

The Supermen es una exploración amarga, aunque meditada que revienta gracias a su temática, la devastación apocalíptica efectuada por deidades extra dimensionales que dotan a ciertos seres humanos, con habilidades más allá de la capacidad común. La letra va en línea con el concepto de los super hombres de Nietzsche. Un cierre paranoico y futurista, misma sensación que deja el álbum, al concluir su escucha, acaecida en percusiones hondas y guitarras pesadas, la voz de Bowie no puede hacer más que romperse con entelerida desesperación.

Superhombres...

Casi por celebrar su cincuenta aniversario (4 de noviembre de 1970), y su salida original en los Estados Unidos, donde la caratula del álbum se vio envuelta en controversia y tuvo que sustituirse. David Bowie dio vuelo a sus inquietudes artísticas y personales, sólo basta mirarlo enfundando en ese largo y texturizado vestido color dorado, adicional de su pose amanerada e intrigante. Escuchar el disco, permite advertir los sonidos contemporáneos que sirvieron para construirlo, donde su calidad fue garantía de influencia para muchos artistas y agrupaciones venideras de glam, punk y post rock. Ejemplos hay muchos, sin embargo, el más famoso y recordado es el cover de Nirvana en su ya legendario MTV Unplugged, a la canción que nombra el plato.

The Man Who Sold the World es una escucha necesaria, si en gustos se rompen géneros, este álbum nació para quebrantarlos en esencia y textura, alterando los sentidos y embelleciendo la música con los riesgos que toma y explota desde la vena.  


Tracklist:


2.- All the Madmen



5.- Running Gun Blues



8.- The Man Who Sold the World

9.- The Supermen


Álbum completo en YouTube y Spotify 🔮

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